lunes, 23 de febrero de 2015

Capítulo 69: "Cómo cuando todo va bien el horizonte se clarea"



(Narra Louis)

-No es eso…
-Creo que es exactamente eso.

-No es solamente eso- estaba frustrándome por momentos-, quiero decir que… me alegraría muchísimo si te aceptaran en Yale, joder es tu maldito sueño, sería cojonudo, pero no podría haber un “tú y yo”, no es que no quisiera, es que no podría.
-Hay un “Liam y Susan” en cualquier parte del mundo, él iría donde ella le pidiera, tú ibas a ir con Marie a Cambridge, pero Yale es demasiado…

-No lo entiendes…
-Tan solo deja que el tiempo pase- pidió levantándose y caminando, rodeando la mesa, hacia mí-. Yale contestará casi cuando acabe el curso, será un no, posiblemente será un no, disfruta hasta que ese momento llegue…

-No puedo hacer eso- me aparté de ella rodando hacia atrás con la silla.
-¿Por qué?

-¿Y si te dicen que sí? ¿Irás?
-No lo sé, por eso es mejor esperar…

-Creo que ahora la egoísta eres tú, creo que estás intentando que no pueda decidir…
-¡No!- ella parecía enfadada ahora, genial porque yo también lo estaba.

-¿Por qué no me dices que ocurrirá si te admiten en Yale?- ella no dijo nada-. Espera, porque responderé por ti, tú te irás a Yale y yo me quedaré aquí.

Ella se quedó en silencio.

-Por eso no quiero perder el tiempo ahora, si no te admiten siempre pensaré que  hubieras preferido irte que quedarte conmigo.
-Eso no es cierto.

-No, Claudia, por supuesto que es cierto. Pero lo entiendo, entiendo que vayas a Yale por encima de mí, porque yo jamás iría a Estados Unidos por ti- quizá me había pasado, no, me había pasado definitivamente, pero no podía dejar que ella callara sabiendo tanto como yo que se iría si tuviera la oportunidad.

Ella pareció dolida, pero más dolido estaba yo.

-Lou… por favor- se acercó a mí despacio, tanteando el terreno, intentando que me tranquilizara.

Esperaba que ella se enfadara por mis palabras, pero la maldita me conocía mejor que nadie. Puso sus manos a ambos lados de mis mejillas y se acercó a mí pegando nuestras frentes.

-¿Tienes miedo?- rozó sus labios con los míos.
-Muchísimo, estoy muerto de miedo- y era la verdad.


Tan solo no quería perderla, tan solo necesitaba tenerla cerca de mí el máximo tiempo posible. Ella sonrió levemente besándome con dulzura.

-Louis Tomlinson- abrí los ojos y ella se alejó unos centímetros para observarme con detenimiento-. No he esperado diecisiete años de mi vida para abandonarte por una mierda de universidad al otro lado del mundo- dijo sonriendo de medio lado.

Sonreí con ella. Sin embargo no era lo que quería…

Todo era una mierda, realmente una mierda, no quería que ella abandonara sus sueños por mí, no era justo.

… Fin del flashback…

 

Por eso mismo me encontraba frente a esa puerta en ese momento, por eso mismo tenía que hacer lo que estaba a punto de hacer.

-Pasa Louis- escuché al otro lado.

Abrí la puerta y entré en el despacho. Greg estaba sentado en su escritorio, llevaba gafas porque leía algo en el ordenador.

-Hola- se levantó y estrechó mi mano-, siéntate, por favor.

Hice lo que me pedía. Él apagó el ordenador y guardó las gafas en el estuche.

-Soy todo oídos- dijo mirándome.
-Verás, la verdad es que por teléfono no fui totalmente sincero contigo- él elevó una ceja pero me invitó a que continuara hablando con las manos-. En realidad te quiero pedir un favor, un gran favor por el que te tendría que deber muchísimo en el futuro.


Él sonrió con los labios apretados y frunció ligeramente el ceño. Seguro que pensaría que era un idiota, ¿cómo un chico de diecisiete podría deberle algo a uno de los hombres más ricos de todo Londres?

-Necesito dos plazas para Yale- ya lo había dicho, el momento vergonzoso había pasado. Ahora solo faltaba que él respondiera de algún modo a mi súplica-. Creo que conoces a Claudia, es muy amiga de __________(tn) y bueno, estamos… saliendo- él sonrió asintiendo, creo que lo sabía-. El sueño de su vida es ir a Yale, creo que desea eso más que cualquier otra cosa en el mundo, aunque diga lo contrario. Envió hace un mes cartas a distintas universidades, entre ellas a Yale. Ella está convencida de que es imposible que la acepten, pero yo creo en ella y creo que tiene posibilidades.
-Conozco a Claudia, ha estado en mi casa empaquetando estas últimas semanas. Es una buena chica, no me habló de Yale, y eso que le pregunté dónde iba a estudiar- asentí, sabía que ella no intentaría hacer lo que yo estaba haciendo, sabía que ella no intentaría aprovecharse de sus contactos-. ¿Qué quiere estudiar?

-Quiere hacer farmacia- le dije en un suspiro.

Greg asintió varias veces. Abrió un cajón de su escritorio y sacó una agenda que ojeó interiormente unos segundos. Apuntó en un papel un número de teléfono y volvió a guardar en el escritorio el cuaderno.

Después descolgó el teléfono y, marcando el número, esperó la respuesta por la línea.

-¡Robert!, buenos días- esperó la contestación sonriendo con energía-. Sí, todo va perfectamente, lo sé, no quedan ni dos semanas, todo ha ido realmente rápido- se calló de nuevo esperando-, exactamente, ambos lo hacíamos. Sí, ¿y los niños?- sonrió asintiendo-, por supuesto, ya está todo hablado con el hotel- rió con una gran carcajada.

Yo no entendía muy bien lo que Greg estaba haciendo, ni tampoco sabía con quién estaba hablando. Tan solo esperé a que se dignara a contestarme de alguna manera.

-¿Y qué tal todo por allí? No, aquí sigue haciendo frío, pero no tanto como allí- asintió nuevamente-, claro, claro, lo entiendo. Tenemos que volver a uno de esos partidos, me han dicho que Flacco está tremendo este año.

Por fin algo que lograba entender, ¿estaban hablando de fútbol? ¿En serio?, no creí que fuera el mejor momento para hablar de fútbol con un conocido por teléfono. Flacco era uno de los mejores jugadores de fútbol americano de la liga americana, era conocido en el mundo entero, además le habían tenido en cuenta para bastantes cambios en el mercado de invierno, pero él había seguido fiel a sus colores y había decidido permanecer en los Ravens de Baltimore.

-¿Hablaste con él? Es fantástico, yo le llamé cuando ganaron en la Super Bowl, me invitó a un par de partidos cuando estuve por allí, sí, un gran tipo, sí, date cuenta que su padre estuvo bastantes meses aquí, en el hospital, sí- Greg me miró y sonrió haciéndome un gesto con la mano para que esperara, yo asentí muerto de curiosidad-. Exacto, de eso quería hablarte realmente, lo sé- Greg se puso serio en ese momento-, lo sé, lo sé, lo sé, sí, recuerdo que me dijisteis que empezabais bastante pronto a mirar peticiones, lo sé, quería llamarte exactamente por eso, necesito que reviséis una solicitud que llegó hace más o menos un mes- me miró y apretó los labios con concentración escuchando-, Sí.

Greg encendió su ordenador y escribió algo rápidamente sujetando el teléfono con el hombro.

-Sí, aquí lo tengo, un segundo, aquí lo tengo, Claudia Malik, sí, por supuesto, espera, sí, el… vaya… el treinta y uno de diciembre, diecisiete exactamente- esperó un momento y continuó hablando-. No, ahora sí, pero nació en Francia, sí, su padre, sí le conozco, claro, y a su mujer también, trabajé con él hace años, sí, forman los dos parte del proyecto. Vale, espera, ¿estás en la página? Sí, lo es, sí, inglés, español, francés y alemán, sí bueno, lo tendrá- esperó de nuevo tecleando en el ordenador en varias ocasiones-. Claro hombre, sí, fútbol y baile. Espera, sí, exactamente, 9’6 el año pasado y 9’8 en este semestre, claro, lo entiendo, lo entiendo, puedo comprobarlo, ¿en serio?, eso es genial, no, no, aún no, no, he sido yo mismo, es amiga de Alan, lo sé, solo amiga, Robert- sonrió abiertamente y me guiñó un ojo, eso era bueno-. Tengo algo más pero te llamaré mañana para concretarlo, necesito tenerte aquí para ultimarlo, claro, de verdad muchas gracias- asintió-, da igual, gracias igualmente, sí, mañana hablamos, venga un abrazo, adiós- y colgó por fin.

Me quedé en silencio esperando que me dijera algo y habló rápidamente, no me hizo esperar demasiado.

-Bueno Louis, he hablado con Robert Post, es un gran amigo mío, fuimos a Harvard juntos y compartimos algún que otro partido entre equipos de estudios, era un completo capullo, lo recuerdo bien, pero es un gran hombre, y, por si no lo sabías, es el decano de la universidad de Yale.

Mis ojos se abrieron de golpe. ¿En serio había estado pensando que Greg estaba haciendo el tonto esos minutos?

-Él vendrá a mi boda en unos días, aunque esté tremendamente ocupado ha hecho un hueco y vendrá con sus hijos y su esposa. Le he hablado de Claudia- estaba impaciente por saber qué habían hablado-, me ha dicho que está dentro desde hace varias semanas, fue una de las primeras peticiones que llegaron, la estudiaron y decidieron aceptarla en farmacia al leer su carta y comprobar su expediente.

Sonreí pletórico de felicidad. Era una noticia estupenda.

-Yo no he tenido que hacer nada, ella ya estaba dentro, pero, creo que lo tuyo nos costará un poco más, por eso necesito hablar con Robert en privado sobre ese asunto, entiende que es posiblemente una estafa que tengas una plaza en Yale porque yo se lo pida al decano, por muy amigo mío que sea- asentí comprendiéndolo-. Por eso tengo que estudiar con más detalle tu caso, solo te prometo que voy a intentarlo. Pero espera unos minutos.

Entendía lo que me decía, no era ni de lejos el alumno más brillante ni tenía varios idiomas como Claudia, lo mío era imposible. Sabía que estaba mal lo que le estaba pidiendo a Greg, sabía que no tenía el derecho de hacerlo, ni tampoco quitarle una plaza a alguien que lo mereciera más que yo.

-Louis William Tomlinson- dijo leyendo en la pantalla de su ordenador-. Veinticuatro de diciembre, diecisiete años, Londres, Reino Unido, a ver… ves 8,79 en primero y… 8 en el primer semestre- me miró-. Está bien Louis, pero no es Yale, ¿lo entiendes?
-Claro, lo entiendo- contesté algo incómodo.

-Pero bueno, quizá haya alguna alternativa hijo, veremos qué podemos hacer- se levantó e imité su gesto.
-Nos veremos en la boda, ¿verdad?

-Sí señor, gracias por invitarme- sonrió y me acompañó a la puerta.
-Ponte las pilas este semestre Louis, eso sería muy bueno.

-Sí, lo haré- le di de nuevo la mano y salí de su despacho suspirando pesadamente.

 

(Narra Harry)

-Te queda genial la pajarita, hace juego con tus ojos- sonreí por las palabras de mi hermana-. Mi vestido es amarillo, te lo enseñaría pero estoy vaga.
-¿Estás o eres?- ella me miró mal.

-Tonto, ¿qué tal va todo?
-Bien, bueno, ya sabes…

-No, no sé, cuenta.
-No hay nada que contar, estoy estudiando como un condenado, no salgo de casa por la mierda de medicina y hace que no pruebo el alcohol desde que estuviste aquí, Lisa me ama con profundidad y está todo el día conmigo y Zac me acaba de enseñar dos pasos de karate y por poco no se mata con un armario- ella sonrió pero negó.

-Sabes a lo que me estoy refiriendo- me dijo con voz de hermana mayor.
-No hay nada que te pueda contar de eso, hace que no hablo con ella el mismo tiempo que no bebo, creo que tengo mono de las dos cosas.

-¿De qué más?
-¿En serio quieres que te responda a eso?

-Sé la respuesta pero quiero oírla- rodé los ojos.
-Me aprieta el pecho cada vez que la veo sonreír- Gemma sonrió a través de la pantalla-, mucho.


Noté como la mierda de mis ojos se aguaba, últimamente me pasaba a menudo, parecía una embarazada hormonada.

-¿Cuándo vendrás?
-El jueves estaré allí, pero háblame de eso, anda- me pidió poniendo morritos.


Suspiré. No quería hablar de ello con nadie, porque realmente no importaba, realmente había dejado de importarle a ella por lo que había dejado de importar en general, aunque mi jodido interior sufriera de esa manera.

-No me habla desde la noche en la que la dejé en casa, me dijo lo que me dijo y no hay más, es jodidamente incómodo porque Louis y yo hablamos como antes, casi todo el rato en clase, Irene ha vuelto a soportarme de nuevo, hemos quedado algunas tardes, incluso una noche cené con ellos y aunque ____________(tn) parecía indiferente yo sé que no es cómodo para ella, y tampoco quiero abusar.
-Me alegro de que las cosas vayan mejor- me dijo Gemma sinceramente.

-No Gemma, es una mierda- apreté mis puños y cerré los ojos un momento para controlar las lágrimas-. Todo va rodado con los demás, incluso he hablado con Alan varias veces, ¿lo entiendes? ¡He hablado con Alan! Hacía años que no hablaba con Alan… algo me está pasando y no puedo controlarlo…

Gemma sonrió marcando sus hoyuelos.

-No te rías.
-Me río de que no lo entiendes, Hazza…

-¿Qué es lo que no entiendo?- ella volvió a sonreír mirando a través de la pantalla.
-Que estás jodidamente enamorado de ella. Por ella está cambiando todo- dijo.

-¡Qué va! Yo…
-Venga, busca las palabras adecuadas- dijo sonriendo.

-Gemms… no es cierto, ella y yo no podemos estar juntos, porque ella no quiere.
-¿Tú quieres?- la pregunta me pilló por sorpresa.


Era cierto que me jodía verla cada día, que mi interior ardía enfadado, pero no estaba enfadado con ella, por una vez mi mierda no iba en su dirección, por una vez estaba enfadado con el universo por no hacerme ver antes que…, antes de que ella pensara que no merecía la pena la espera.

-Sí, sí quiero. ¿Recuerdas la mierda qué salía de mí cuando pensaba en ella antes, o cuando veía alguna foto en la que aparecíamos, recuerdas lo que la odiaba, recuerdas lo que hacía?
-Claro que me acuerdo, eres mi hermano- dijo.

-Pues ahora no lo siento, solo siento que sea demasiado tarde. Gemms, creo que ella no tuvo la culpa, creo que no la tuvo.

Gemma asintió mirándome mientras sacaba un pañuelo y se limpiaba los mocos.

-¿Estas llorando?- ella asintió levemente.
-Es que por fin te has dado cuenta, y eso es grande- dijo sollozando.

-Mierda, no llores, maldita mierda, no soporto que llores por mi culpa- ella sollozó con más fuerza-. Joder Gemma, deja de llorar, me haces sentir mal.

Ella se rió sin parar de llorar.

-¿Qué habría ocurrido si hubiese llorado frente a ti hace un año?- lo pensé un segundo.
-Seguramente te habría mandado a la mierda por ser tan débil- dije.

-Exactamente. Por eso lloro, pero es de alegría porque estés aquí de nuevo- dijo.

Rodé los ojos. Pero el caso es que una parte de mí la entendía.

Si volvía la vista atrás me daba cuenta de todo lo que había cambiado yo mismo desde el inicio del curso, no quería creer que fuera todo por la acción de ___________(tn), pero tuve que llegar a esa conclusión. Había sido un idiota con ella, constantemente…

-¡MIERDA!- Gemma me miró abriendo los ojos sorprendida-. ¡HE SIDO UN COMPLETO IMBÉCIL!- ella se rió-. Te lo digo en serio Gemma, ¿cómo he podido ser tan capullo?

Joder… había hecho muchísimas cosas contra ella que yo no habría soportado por nada del mundo. Y ella había aguantado carros y carretas por mí, lo había dado todo por nosotros y yo lo había jodido una y otra vez. Si hacía un recuento de mierda creo que me tiraría por la ventana en ese mismo momento. Había pegado a Alan nada más verla, la había intentado besar, la había llamado puta, varias veces, había jugado con ella, la había asustado, le había prometido pensar y me había tirado a Chelsea, había jodido el día de su cumpleaños, había insultado a su hermano, le había echado en cara la muerte de su padre, le había llevado a Lisa cuando decía odiarla, había soltado que tocaba el piano cuando estaba claro que por alguna razón ella no quería decírselo a nadie. Me había reído de su amor por mí, muchas veces. Había hablado mal de ella con Louis, con Irene, con Zayn, con Niall, le había prometido el beso de año nuevo y me había vuelto a tirar a Chelsea, me había dado tiempo y había tardado demasiado.

-Debería odiarme, no le debería ser indiferente, debería querer matarme, debería estar muerto. Y lo peor no es que ella no me quiera, lo peor es que ella cree que la odio- Gemma negó varias veces.
-Creo que ella mintió- dijo de pronto.

-¿A qué te refieres?
-Creo que ella te mintió la última noche, creo que ella te sigue queriendo, Harry- negué pero ella asintió con fuerza-. Las chicas sabemos eso, créeme, ella sigue sintiendo lo mismo.

-¿Por qué no lo dijiste?- fruncí el ceño.
-Yo… tenías que darte cuenta de todo esto, tenías que volver a intentarlo estando completamente convencido de lo que sentías, no podía dejar que volvieras a hacerle daño porque no comprendieras que ella no era la culpable de tu mierda- me dijo.


La miré con algo de resentimiento.

-Deberías habérmelo dicho, ahora no hay nada que pueda hacer- le recriminé.
-No, no podía decirte lo que pensaba, porque habrías corrido a reírte de ella de nuevo, ahora no lo harás, ahora sabes lo que te conviene porque sabes lo que es que no te quiera, ella te dio con tu propia medicina y, seré la peor hermana del mundo, pero me alegro de que lo hiciera, fuiste demasiado cruel con ella durante mucho tiempo, te merecías un escarmiento- rodé los ojos negando.


Lo merecía, estaba claro que lo merecía, me merecía hasta la última mierda que ella quisiera lanzarme. Pero lo peor es que ella no se había enfadado conmigo, ella había creído que merecía lo mal que la trataba, que se merecía mi odio por lo que había ocurrido. Habría preferido su rabia que la indiferencia.

-¿Qué hago? Dime que puedo hacer, dime que puedo hacer algo- Gemma sonrió al otro lado y asintió.

 

(Narras tú)

Esta era la mierda más difícil que había hecho desde hacía muchísimo tiempo. Más que cualquier otra cosa en el universo, era la mierda más jodida.

Pensaba demasiadas palabrotas pero la ocasión lo merecía.

Estaba sola en casa, a mi alrededor, miles de cajas que guardaban todo lo que teníamos. En mi habitación había quedado el escritorio, el ordenador y la cama, todo lo demás ya estaba guardado.

Las cosas que Álex tenía en Londres también las habíamos guardado.

Aunque aún quedaba al descubierto lo más grande, aquello que no cabía en ninguna caja y que se había quedado en la habitación de Álex para no tenerlo cerca.

Abrí la puerta despacio y, si desde antes de comenzar a subir las escaleras mi corazón palpitaba con fuerza, ahora notaba que se podría salir en cualquier momento de mi pecho. Cuando la puerta estaba completamente abierta me quedé en el umbral con la vista en dirección a la pared, no podía ni siquiera mirarlo desde esa distancia.

Bloqueé mis pensamientos más animales, como salir corriendo, huir o ponerme a gritar de la impotencia. Decidí hacerlo lentamente, volví centímetro a centímetro mi cabeza hasta que lo tuve frente a mí.

El piano reposaba en un extremo de la habitación, tenía una capa de polvo porque le había dicho a mi madre que no lo limpiara. Era una tontería pensar que el piano merecía no ser limpiado por lo que estaba causando en mi interior cada vez que me acercaba a él. Pero lo pensaba.

INSPIRA, ESPIRA, INSPIRA, ESPIRA…

Un paso, solo un paso. Moví mi pie hacia la cama, despacio. Nada más empezar ese camino rompí a llorar. Era algo que solía ocurrir en estos casos, estaba acostumbrada a ello de todas las veces que había intentado acercarme a él. Pero eran solo lágrimas, los sentimientos no salían por ellas, por lo que no me importó desahogarme de ese modo.

Otro paso. Notaba que estaba corriendo algo así como la milla verde, hacia mi muerte segura. Idiota de mí.

Uno más. Ya iban tres pasos, era todo un progreso. Había estado a punto de llamar a Louis para sentirme un poco mejor conmigo misma, pero después entendí que era algo que debía hacer yo sola porque, si Louis me acompañaba y lo lograba, después sería más difícil sin él.

Cuando estuve al lado de la cama me senté en ella sin mirar hacia el instrumento. Respiré profundamente varias veces. Ya llevaba la mitad del camino hecho, solo quedaba la otra mitad. Me sentía realmente realizada, me sentía orgullosa de mí misma. Aunque fuera una idiotez sentía que estaba dando un paso realmente largo en mi vida.

Me levanté y di otro paso más. Calculaba que podrían quedar tres o cuatro como mucho.

Vamos, vamos. Era mi propia animadora, me imaginé con pompones y cantándome mentalmente y sonreí sin dejar de llorar.

-Vamos __________(tn)- me dije en voz alta.

Di otro paso más.

Había organizado esto sabiendo que nadie vendría, estaba sola y lo estaría por el resto de la tarde. Estaba tranquila. Ni siquiera había llamado a Álex para contárselo.

Un paso más y sin pensarlo otro.

Si el camino estaba siendo así de duro no me imaginaba lo que sería tocar las teclas, pero no quería pensar en eso ahora. Esto era un avance importante, no podía quitarme mérito a mí misma.

Dos pasos, solo dos pasos y podría tocar el asiento.

Uno, solo uno. Me agaché un poco y rocé el asiento sollozando con fuerza, pero no importaba. Alargué ambas manos y rocé con los dedos el asiento, me apoyé en él y avancé el último paso que quedaba sin levantar la mirada de la butaca.

Cerré los ojos con fuerza sin creer demasiado en que no los abriría por inercia.

Avancé con los dedos en el material de satín y planté mis manos acariciando la tela. Abrí mis piernas y me senté en la butaca. Comencé a gritar.

Mis gritos retumbaron por la casa, no había pensado que pudiera ocurrir, pero no podía controlarme. Grité con todas mis fuerzas, grité sacando lo que ni yo sabía que tenía dentro. Lloré hasta pensar que acabaría seca por dentro. Me dolía la cabeza de llorar y notaba mi mirada perdida e hinchada.

Pero no había llegado hasta ahí para rendirme.

Amaba eso, había amado eso desde casi antes de nacer. El piano había sido mi vida, no podía entender qué ocurría. Mi padre amaba el piano, con todas sus fuerzas, creo que simplemente lo heredé. Mi padre me había dado aquello y quizá, ahora que él no estaba, mi subconsciente creía que no merecía seguir con ello. Como si no me perteneciera.

Pero debía superar eso, yo podía más que todo lo que tenía dentro, yo debía poder más que todo.

Ahora era feliz, después de mucho tiempo, ahora por fin podía creer en mi propia alegría. Me sentía por fin afortunada y no desdichada. Creía en lo bueno que tenía mi vida y veía lo malo como recuerdos de que no todo era rosa.

Podía sentir a mi padre, en algún lugar, en el fondo de mi corazón, sentía su presencia y sentía su amor por mí. No estaba loca, era mi padre al fin y al cabo y él lo había sido todo para mí. Mi padre me quería, él lo seguía haciendo dónde quiera que estuviera. Mi madre era feliz y eso me hacía feliz a mí también. Mi padre querría eso.

¿Con quién me había enfadado realmente ese tiempo? Al principio le echaba la culpa a papá, me decía que él debía haber sabido algo, que él nos había dejado solos, a cada uno de los tres, tremendamente solos, sin él éramos botes a la deriva sin rumbo ni destino. Después pensé que una fuerza superior se había encargado de hacerme infeliz, o quizá el karma de una vida pasada había venido a vengarse de mí.

Ahora pensaba que solo podía estar enfadada con una persona, y era yo misma. Mi padre no había sido el que había decidido bloquear mi relación con el piano, ni una fuerza superior me había obligado a enrollar mi cabello sobre mi cabeza sin dejarlo brillar como a mi padre tanto le gustaba. Había sido yo quien había creado esos bloqueos, incluso yo misma había acusado a inocentes y les había declarado culpables sin pensar en los hechos.

Alargué mis dedos sobre mi cabeza y deshice la coleta que sujetaba mi melena. Dejé que callera libre sobre mi cabeza. No era rappunzel, mi fuerza no nacía de mi pelo, pero era un paso más.

Pensé en papá, pensé en su última mirada, en lo que me dijo, en la frase en la que había pensado alguna que otra vez, pero que ahora cobraba un sentido real: “Ya no viajo al pasado con rencor, ni al futuro con angustia, quizás porque he aprendido a convertir toda situación difícil en un arma para triunfar”.

Y eso mismo necesitaba hacer yo en ese momento. Salir triunfante de MI propia lucha interior. Necesitaba traspasar el bloqueo, porque lo necesitaba.

Alargué mis dedos y toque la tapa del piano. Seguía llorando pero notaba una nueva fuerza poderosa en mi interior. Logré levantar la tapa. ¡Brillante!

Pasé mis dedos sobre las teclas, disfrutando de ese roce que tanto echaba de menos.

Solo un paso más, tan solo presión.

Pero mis dedos no respondían. Necesitaban tiempo para acostumbrarse al hecho de que podía estar logrando algo que yo misma creía imposible.

Las notas sonaron desacompasadas y fuera de tono. Pero habían sonado. No era música pero era sonido y había salido del piano, del piano que yo tocaba.

Sollocé con más fuerza suspirando y apretando los dientes.

Hice sonar un arpegio de FA en un segundo. Pensé que por el paso del tiempo podía haber podido perder memoria, pero no era así, porque segundos después toqué varios arpegios más.

La música salía del instrumento. Era algo parecido a la magia. Parecía realmente magia estar en esa posición.

El pelo caía en cascada por mi espalda. Cerré los ojos mientras pensaba en aquella sonata de Beethoven, la “Hammerklavier” una de sus composiciones más complejas. Si recordaba el inicio podía decir que no había olvidado tocar el piano.

Recordaba lo difícil que era esa pieza. Lo mucho que me gustaba, solo porque era endiabladamente complicada.

Lo hice, toqué el comienzo y sonreí orgullosa de mí misma. Incluso supe seguir unos minutos más.

Pero lo había conseguido. Tenía el piano frente a mí. Había sido una buena terapia de choque, en realidad había sido una terapia de choque brutal pero efectiva.

Noté un dolor agudo en mi estómago y la comida subiendo con locura por mi garganta.

Demasiados sentimientos encontrados tenían su efecto físico en mí y yo eso lo sabía.

Corrí al servicio y expulsé toda la comida con furia, casi rabiosa. Me desahogue profundamente.

Pero no podía perder lo mucho que había avanzado.

Fui a mi cuarto y abrí una de las cajas. Rebusqué en su interior y encontré justamente lo que estaba buscando.

Recorrí el pasillo y volví a sentarme frente al piano, sin pensar ya en ello.

Coloqué el papel sobre mis piernas y escribí: “BODA”.

 

(Narra Niall)

Hacía un día genial. Brillaba el sol. Los últimos días habían sido realmente lluviosos y oscuros, pero el día no podía ser mejor. Era uno de los partidos más importantes del año. El equipo iba segundo e íbamos a jugar contra los primeros.

-Vamos a darles la paliza de su vida- miré a Claudia.

Ella siempre estaba motivada antes de los partidos, era una de las mejores cosas que tenía, casi no tenía nervios, y los que tenía los utilizaba para hacerse más fuerte.

-Eso espero- le dije observando a nuestros rivales y entendiendo porque eran los primeros en la liga.

Louis y Liam se acercaron a algunos jugadores del equipo contrario y les saludaron amigablemente. Claudia se encogió de hombros.

-Estarán dándoles el pésame- dijo sin sonreír.

Me reí de su comentario y caminé al banquillo donde el entrenador nos había reclamado. Me senté junto a Alan sin decirle nada y él ni me miró, debía ser así.

Después de darnos algunos consejos y tácticas de última hora dejó que los titulares salieran al campo.

Me quedé en el banquillo esperando mi turno y Alan se quedó a mi lado.

-¿Por qué no sales?- pregunté.
-Mañana se casa mi padre, me ha pedido que no juegue todo el tiempo y el entrenador quiere que salga al final- dijo sonriendo.

-¿Le haces siempre caso a tu padre?- pregunté riéndome de él.
-Solo cuando se casa al día siguiente, por lo normal paso de él- dijo mirándome los labios y mordiéndose los suyos.

-No hagas eso- le recriminé.

Él apartó la mirada y la dejó en el campo.

-Quiero besarte ahora mismo- dijo como si dijera que hace sol.
-Mira, Louis es el capitán ahora- Harry le había dejado el brazalete de capitán.


Alan sonrió por mi cambio de tema pero no insistió más.

El juego empezó rápido, como solían empezar todos. El entrenador mandaba tranquilidad pero resultó ser el día de Louis porque antes de alcanzarse los primeros cinco minutos ya había marcado. Celebramos el gol con efusividad pero no libertinaje, el entrenador saltó agradeciéndolo al cielo.

Los demás jugadores notaron la disposición de Louis para el juego y le pasaban cada balón que encontraban haciendo el juego más dinámico y abierto.

Louis volvió a marcar otro gol y lo celebró corriendo por el campo hacia Claudia y elevándola unos centímetros del suelo sin llegar a besarla, eso no habría estado bien.

Realmente tenía su día. El contrario trataba de detenerle pero no acababa de conseguirlo.

Salí al campo dejando a Alan en el banquillo y choqué con Louis que sonrió saltando alegre.

Cuando el árbitro pitó el descanso el marcador iba 4-1 a nuestro favor. Nos reunimos en el banquillo para comentar la primera parte y para que el entrenador diera algunas pautas, que fueron casi todo felicitaciones y marcas para que siguiéramos por ese camino.

-Evans, tu turno- dijo el entrenador animando a Alan a salir al campo.

Él sonrió y saltó un par de veces para calentar los músculos.

 

(Narras tú)

Alan salió al campo e Irene y yo comenzamos a gritar como locas animándole. Las gradas estaban a rebosar de gente, todo el instituto estaba animando al equipo de fútbol y las animadoras cantaban con la grada.

Vi como Harry se acercaba al moreno y comenzaban a hablar moviendo los brazos por el campo, dándose instrucciones mutuamente. Era asombroso verles compenetrados de esa manera. Incluso Alan le dio unos golpes a Harry en la espalda animándole antes de separarse y que continuara el juego.

-Louis está motivadísimo- dijo Irene sonriendo.

Ciertamente estaba teniendo un partido de diez, las animadoras no dejaban de gritar y corear su apellido y Susan bailaba mirándonos haciendo que  cantaban por ella.

Pero el segundo tiempo no fue para nada positivo para nuestro equipo, el rival hacía organizado bastante bien su juego y, casi sin darnos cuenta, ya habían empatado a falta de veinte minutos.

No podíamos empatar ya que de este partido dependía el campeonato, aún quedaban un par de partidos, pero si ganábamos tan solo dependeríamos de nosotros mismos, no de que perdieran los demás. Era necesario ganar ese partido para proclamarnos vencedores de la liga al acabar el curso.

Claudia y Louis hablaban entre jugada y jugada, ambos parecía concentrados y serios con el juego.

-Es gracioso verles así, nadie diría que están juntos- le dije a Irene sonriendo.

Ella se rió y gritó animándoles a ambos.

Las animadoras comenzaron a mover a la grada elevando y bajando sus pompones con ritmo haciendo que nuestro estado de nerviosismo aumentara, pero también que estuviéramos más metidas en el juego.

Hubo un cambio en el otro equipo y vi como Alan y Harry volvían a hablar, ahora con Louis unido a ellos, comentaban alguna jugada por cómo movían las manos, yo tan solo esperaba que diera resultado. Quedaban apenas dos minutos para que el partido finalizara.

Harry se hizo con el balón robándoselo al equipo contrario y corrió unos metros por el campo quitándose de encima a otros jugadores, cuando estuvo casi en la esquina pasó el balón centrado a Louis que lo recibió en el punto de penalti, amagó el tiro y el portero se lanzó hacia la esquina, pero Louis fue más listo que él y en lugar de lanzar a gol se lo pasó a Alan, que estaba muy cerca y sin ningún defensa que le dificultara el tiro. Fue él quien lanzó el balón hacia la portería. Al portero no le dio tiempo a reaccionar y el balón chocó contra la red dándonos un gol más y posiblemente la victoria.

Louis corrió hacia Alan y se lanzó sobre él mientras ambos reían. Zayn llegó hasta ellos y se subió a la espalda de ambos volando por los aires riendo. Niall celebró el gol levantando los brazos, pero no bajó con los demás porque estaba en la defensa. Harry saludó a Alan, que le enseñó el dedo gordo, y volvió a su posición defensiva.

Los minutos restantes fueron un calvario, todos gritábamos que el árbitro pitara el final y, cuando por fin lo hizo, tanto Irene como yo bajamos corriendo por las gradas, nos unimos a Susan, y acabamos abrazando a nuestros amigos que ya estaban llenos de gente a su alrededor celebrando con todos nosotros.

Observé como Alan abrazaba brevemente a Niall y apretaba su espalda con fuerza, como Louis le daba un breve pico a Claudia, como Susan estaba sobre la espalda de Liam gritando y riéndose, mientras él tenía en su mano un pompón y le daba en el culo golpes mientras se moría de la risa. Vi a Zayn frente a Irene sonriendo y hablando con ella.

También el señor Golding estaba por ahí. Aún recordaba la historia que nos contó Mike sobre ellos dos. A partir de la visita de Mike, había notado a nuestro profesor algo diferente, menos alegre por así decirlo, le faltaba la inspiración que tanto pedía él a veces. Sabía que tanto Sebastian como Mike estarían en la boda. Tendrían que verse y, aunque Mike sabía que así sería, pensaba intentar alejarse de él y evitarle. No creía que fuese lo más adecuado, pero quién era yo para decir si tenían que hablar o no, cuando llevaba más de dos meses evitando a Harry a propósito.

-¡___________(tn)!- Claudia gritó a mis espaldas y me giré abrazándola con fuerza mientras ella sonreía y gritaba como una loca-. ¡Ha sido el mejor partido de la historia!- dijo riendo y saltando de la emoción-. Ahora solo tenemos que ganar los dos partidos que quedan y seremos campeones de la liga… ¡CAMPEONES!- sonrió brevemente pero, miró a mi espalda un segundo y su sonrisa se transformó en seriedad.

-¿Qué pasa?- pregunté girándome hacia dónde ella miraba.

Vi a Louis a lo lejos, hablando con un hombre al que no conocía.

-¿Qué pasa?- repetí-. ¿Sabes quién es?
-Claro que sé quién es- dijo como si la respuesta fuera obvia-, es Robert Post, el decano de Yale- dijo aumentando su gesto impenetrablemente serio.

 

 
(Narra Louis)

Después de celebrar con todos mis amigos, de recibir decenas de felicitaciones y de volverme un poco loco, el entrenador me llamó.

-Tomlinson- dijo sonriendo-, hay alguien que quiere hablar contigo- dijo presentándome a un hombre que estaba a su lado.

Era un hombre más o menos de mi estatura, con el pelo blanco, casi calvo y con gafas.

-Os dejo para que habléis- el entrenador saludó al hombre y se alejó de nuestro lado.
-Ha hecho un partido increíble- dijo el hombre felicitándome.

-Muchas gracias, señor- sonreí y él tendió su mano hacia mí.
-Soy Robert Post, creo que Greg le habló de mí hace algún tiempo- abrí mis ojos con sorpresa.

-S-sí, él lo hizo- dije casi tartamudeando.
-Eso pensaba- sonrió y soltó mi mano-. He venido estos días porque mañana, como sabrá, él se casa, y somos muy buenos amigos. Me ha pedido específicamente que viniera a este partido, a verle a usted- dijo.


¿A verme a mí? No entendía muy bien a qué se refería.

-Disculpe señor Post, pero no le entiendo- dije intentando que aclarara su propósito.
-Verás señor Tomlinson, me gustaría hablar con usted con tranquilidad, quizá mañana en la boda podamos hacerlo, pero si he venido aquí es para verle jugar, y visto lo visto quiero hablar sobre su futuro universitario. Hay calidad en usted y nos gustaría que siguiera sus estudios con nosotros, en Connecticut, en la universidad de Yale.


-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Piano Time - Fútbol Time

Bien!! Capítulo previo a la boda!! :)

Tengo muchas ideas para el tiempo de la boda, no creo que me quepan en un capítulo por lo que tengo que organizarme y pensar qué voy a poner en cada sitio xD

De todas formas tardaré poco en subir el próximo (no voy a prometerlo, pero lo intento).

Espero que os guste ^^ Cualquier comentario, sugerencia o petición... ya sabéis :)


Muacccksss