domingo, 5 de julio de 2015

Capítulo 80: "Cómo intentamos buscar alternativas"


(Narra Harry)


Como caso excepcional, por mi buenas notas y por la enfermedad que había padecido, me dejaron realizar las pruebas de acceso a la universidad más tarde que el resto del mundo y pese a que normalmente no me gustaba tener cierta ventaja, como lo era en este caso, sí que tenía cierto interés en no quedarme otro maldito año en Londres, y más con todo lo que había pasado últimamente.

-Buenos días. Soy Harry Styles.
-Sí, siéntese un minuto ahí- me dijo la mujer, señalando un par de sofás en la sala.


Hice lo que me pidió y me entretuve leyendo los mensajes perdidos de Louis.

Tomlinson: ¿Ya estás? Dime algo cuando salgas. (11:24)
Yo: Sí, me tienen que llamar, ¿Qué tal todo por allí? (11:26)

Tomlinson: Bien, ya sabes, los nueve bien, Alan está un poco flipado con todo, ayer jugamos al Rommel pero nos jodieron vivos, encontraron a la bandera en menos de una hora. (11:27)
Yo: Eso es porque yo no estaba ahí. (11:28)

Tomlinson: No me lo recuerdes, Styles… (11:29)

Cuando los exámenes terminaron y todo acabó por el momento, me reuní con Danna, le pedí perdón y ella, por su adoración hacia mí, acabó perdonando todo y devolviéndome la carta de recomendación.

Pensé durante días qué hacer con mi vida. No quería quedarme en Londres, no quería anclar mi vida a mi ciudad, me apetecía desaparecer, pero lo que más necesitaba era saber que _____________(tn) iba a estar alejada de mí, y no por mi bienestar, sino por el suyo, solamente por saber que ella estaba bien.

Por eso, cuando Claudia me dijo que ____________(tn) había optado por quedarse en Londres e ir a la misma universidad que Alan y Niall, mis planes hacia Harvard crecieron en mi cabeza. No quería que ella renunciara a Harvard por mí, sin embargo Claudia me convenció de que ella se quedaba porque quería estar cerca de su nueva familia, compartir con ellos los primeros años del matrimonio Evans y volver a sentirse completa.

Entre mis padres, Danna y Claudia me convencieron de que Harvard era mi mejor opción, que no había otro futuro para mí, y realmente Boston cumplía todas mis expectativas.

Tras mandar la petición y tras la aceptación principal compré un billete a Estados Unidos con el fin de entrevistarme con el decano de la facultad, quien se estaba encargando de la admisión de los últimos alumnos. Según me había comentado mi padre, amigo del decano por haber estudiado juntos, tan solo quedaban dos plazas disponibles para la facultad de medicina el año siguiente, y una de ellas sería mía. Tendría que competir con cinco chicos más, pero en el cara a cara conseguiría sacar todo lo que necesitaba para que un sí saliera de los labios del decano.

Cuando supe que Harvard era mi siguiente paso decidí hablar con Tomlinson. Sabía que él sería capaz de mantener el tipo y no correr hacía ninguno de ellos para contarles que me había puesto en contacto con él. Insistió terriblemente en hacerme ver que Sicilia era mi mejor alternativa para el verano, pero no quise escucharle. Según me dijo, ___________(tn) iba a ir, iba a vivir la última experiencia veraniega que Sicilia daba a los que ese año cumplíamos 18.

Pese a que podría haberme unido tras mi entrevista para Harvard, decidí que California iba a recibirme ese verano. Había estado en muchos lugares en mi vida, pero un verano con el calor, la playa y las chicas de california era exactamente lo que necesitaba ese año para despejarme de todo lo que había ocurrido.

Y es que si lo pensaba bien, ese año, desde el mismísimo agosto anterior, había sido una completa locura. Yo estaba tan tranquilo y relajado en California y de pronto: me encontraba con el propio Mike, descubrí que ___________(tn) había estado en Sicilia, Niall, la pelirroja, los Malik y el propio eje de mis problemas venían a Londres por sorpresa y no solo de vacaciones, sino empezando el último año con nosotros, y después el descontrol de las clases, de intentar parar lo que sentía, de huidas y llegadas,…

Había sido demasiado, y luego todo explotó.

Por eso no podía volver con ellos al mismo lugar donde todo acabó, los recuerdos que ya vinieron a mí cuando pisé Sicilia para encontrarme con _____________(tn) fueron más de los que necesitaba por años. Sicilia había sido mi lugar, esas hectáreas en las que me encontraba a mí mismo cada año. Sin embargo ya nunca más sería mi lugar, y cuanto antes lo comenzara a entender, mejor sería.

Por eso dejé que se marcharan; si mis cálculos eran correctos, no tendría que reunirme con ellos hasta que llegaran las navidades, tendría seis meses para hacerme a la idea de volver a verla y ella los tendría para lo mismo.

Me odiaba. Pero era completamente lógico. Le había dicho que la quería después de meses con dolor en mi pecho por no soltarlo, le había dado todo lo que tenía y ella me lo había entregado a mí, y justo media hora antes había tirado todo por la borda, como siempre me ocurría, era imposible que todo saliera bien, y realmente solo yo tenía la culpa de eso, ni ella ni nadie.

No importaba que después hubiera sufrido el accidente de mi vida y que casi hubiese muerto, yo había maltratado algo que ni siquiera habíamos vuelto a obtener. Era normal que ella me odiara, que no quisiera saber nada de mí y que necesitara tiempo para hacerse a la idea de que yo seguía vivo y para dejar que la herida se cerrara por completo.

Tenía claro que jamás dejaría de quererla, si no había ocurrido en los dos años que habíamos estado separados después de que ella lo jodiera todo, no iba a ocurrir nunca. Pero había llegado a la conclusión de que debía vivir con ello; quizá, con el paso de los años, pese a que volviera a sentir lo mismo cada vez que la mirara, sabría que lo nuestro era imposible y que nada de lo que hiciéramos valdría para mantenernos juntos.

Se trataba de algo que estaba mucho más lejos de nuestro alcance, de algo que era inimaginable, porque los dos habíamos sufrido, los dos habíamos acabado rotos en distintos momentos, y la quería, pero tenía claro que solo le haría sufrir, nunca sería feliz conmigo, y yo nunca sería feliz con ella.

No podía dejar que otra partida, otro accidente, otra noticia, tirara por la borda lo que con interés quisiéramos volver a construir, no podía hacernos más daño. No quería.

Por eso miles de kilómetros de distancia serían lo mejor que nos podría pasar ahora. Estar alejados por unos meses, que se convertirían en años quitando vacaciones, era la llave de nuestra libertad y de nuestros sentimientos. Si yo me hubiese quedado en Londres o ella hubiese venido a Harvard nada sería normal ni bueno para ninguno.

-Señorito Styles- me llamó la mujer del mostrador.
-¿Sí?

-Ya puede pasar.

Me levanté y dejé la sala de espera para enfrentarme a un pulcro y gran despacho. Había algunas estanterías con decenas de libros de decenas de materias distintas, una mesa de madera oscura con un portátil sobre ella y un par de sillas enfrentadas al gran butacón del decano; tras él, una gran cristalera se extendía de lado a lado de pared, avecinando el campus que sería propio en un par de meses si todo salía bien.

-¡Hola Harry!- me saludó.
-Señor Flier- el decano me tendió una mano y con una gran sonrisa me animó a sentarme.

-Déjame de decirte que me alegra muchísimo tenerte aquí, después de lo complicado que han sido estos últimos meses para ti me alegra saber que sigues interesado en nosotros.
-Lo importante es si ustedes están tan interesados en mí.


Carcajeó y asintió con una sonrisa posterior.

-Bueno, Harry, sabes que hay todavía algunas plazas libres, sin embargo hay varios estudiantes para esas mismas plazas- dijo-. A todos los que he entrevistado a lo largo del día y a todos los que me quedan les he hecho la misma pregunta, y déjame decirte, aunque no quisiera que entraras en pánico, que de esta pregunta depende totalmente mi próxima elección.

Asentí algo intimidado, pero con la certeza de que conocería la pregunta, tendría que conocerla.

-Del uno al cien, ¿Cuánto quieres entrar en esta facultad?

“Cien” pensé nada más saber la pregunta. Sin embargo, ¿no sería eso lo que respondería la mayoría de la gente? Si quería distanciarme de ellos tendría que dar una respuesta alternativa.

Harvard… Harvard, Harvard, Harvard. ¿Cuántos jóvenes mediocres habrían entrado por esas puertas y se habrían convertido en grandes médicos antes de abandonarlas?

-Quiero descubrir la cura contra el cáncer. Podría estudiar medicina en cientos de universidades de todo el mundo, podría estudiar y formarme en decenas de ciudades, con decenas de profesores distintos. Sin embargo yo quiero descubrir la cura contra el cáncer y para eso no me sirve cualquier universidad, ni cualquier ciudad, ni cualquier profesor, solo me sirve Harvard, Boston y estos docentes.
-Eres tan visionario como tu padre.

-Se hace lo que se puede, señor- dije, copiando su sonrisa.
-Sabes que hay decenas de investigaciones por todo el mundo que intentan encontrar lo que tú andas buscando.

-Lo sé señor, de hecho estoy dentro de una de esas investigaciones desde hace un par de años.
-Lo sé, conozco la investigación, de hecho tu carta de recomendación nace de una de las doctoras que más conocimientos sobre este tema tienen en el mundo.

-Danna ha sido mi referente estos últimos años, es una doctora tremendamente insistente, trabajadora y fuerte.
-La conozco. He coincidido con ella en más de una ocasión. Nadie tiene una carta de recomendación mejor que la tuya, igual, parecida, pero nadie mejor. Tenemos interés por la gente que ya ha nacido cuando llegan aquí, por aquellas personas que tienen algo que ofrecer a cambio de lo que ofrecemos nosotros. ¿Tienes ese algo, Harry?

-Lo tengo, señor.

El tiempo de la charla fue tan breve que empecé a preguntarme si habría sido buena cuando unimos nuestras manos en un apretón.

Cuando ya casi había salido, El señor Flier me llamó de nuevo.

-Señor Styles- dijo, haciendo que me volviera-. Tengo un par de amigos a los que les vendría muy bien la cura que andas buscando, trabaje duro para conseguirla y entonces nunca podrá reprocharse nada.

No dije nada más, no respondí a su comentario, simplemente abandoné el lugar en silencio, preguntándome si el trabajo duro al que se refería sería entre estas paredes o en cualquier otro lugar del mundo.

 

(Narras tú)

-Niall Horan, harías un favor a la humanidad si dejaras de llamarme cada media hora y te entretuvieras en mostrarle a tu querido novio las mejores técnicas para que no os volvamos a patear en el próximo Rommel.
-Eres tan graciosa- dijo el rubio.

-En serio, no estaba nada nerviosa hasta que has llamado la quinta vez, además, siempre me preguntas lo mismo.
-¿Estás contenta?

-Sí, creo que al decano le ha gustado mi entrevista, ahora solo puedo esperar.
-¿Dónde estás?

-Tengo el avión a Sicilia para mañana, dentro de dos días estaré a tu lado jodiéndote enteramente. Ahora estoy en el aula magna de la facultad de medicina, la secretaria me ha dicho que este lugar es el centro de la actividad aquí, que todos los futuros estudiantes han pasado por este sitio antes de comenzar.
-¿Es bonito?

-Es enorme, creo que me ha dicho que tiene aforo para tres mil personas.
-Así que ahí es a donde tendré que ir dentro de unos años para ver cómo te gradúas.

-Tranquilo, vaquero, espera al menos unos días que reciba la respuesta del decano.
-Vamos, ____________(tn), sabes que entrarás.

-Niall, hay otros cuatro chicos pendientes de lo mismo que yo, estoy segura de que sus mejores amigos les han dicho lo mismo que me has dicho tu a mí ahora. No quisiera hacerme ilusiones y luego que todo se fuera a la mierda.
-Siempre tendrás una habitación en nuestro apartamento- respondió.

-No me quiero ni imaginar lo que ocurrirá ahí.

Niall, Alan, Susan y Liam habían decidido, al quedarse los cuatro en Londres, alquilar un apartamento para los cuatro en el pleno centro de Londres. Habíamos estado durante días buscando el mejor lugar y al final se habían decantado por un grandioso apartamento de cuatro habitaciones, con tres baños, cocina americana, un salón de cuarenta metros cuadrados y una terraza enorme.

Ya habíamos programado mi primera estancia de un fin de semana largo cuando pudiera escaparme de la universidad si finalmente Boston era mi destino, me quedaría en una de las habitaciones de invitados.

Además también habíamos pensado en dar una fiesta de inauguración antes de que cada uno nos fuéramos a nuestros respectivos lugares. Si no había suerte con Harvard, viviría con ellos en Londres, que tampoco era una mala idea.

-¿Hace calor?
-Muchísimo, nos han dejado la tarde libre para estar en el lago.

-Dime lo que ves.
-El agua está un poco fría, como siempre, Alan está aquí a mi lado, espera, te lo paso un segundo- anunció-, es _____________(tn) quiere hablar contigo.

-¡Hermanita!- dijo rápidamente, Alan.
-Hola, ¿ya te has adaptado al mejor lugar del mundo?

-Es tan fácil adaptarse a un lugar como este… ¿Cuándo vienes?
-Mañana cojo el vuelo, ya se lo he dicho a Niall.

-¡Genial! Creo que el jueves iremos de marcha por el bosque, así que no te lo perderás.
-Perfecto. Estoy un poco cansada de andar de aquí para allá, me vendrá bien desconectar un poco después de estos días horribles.

-No seas tonta, no conozco a nadie que pudiera haberlo hecho tan bien como tú sin haber tocado los libros en meses.
-El que vale, vale. Pásame a Niall, iba a describirme el paisaje.

-Yo soy el mejor haciéndolo, te lo voy a demostrar: ahora estamos en el lago, hace unos treinta grados pero algunas nubes bloquean el sol por partes. Louis, Liam, Irene, Zayn y Claudia están haciendo el idiota en el agua, ahora mismo Liam tiene a Claudia subida a los hombros y pelean con Louis y Zayn, Irene tan solo está fastidiando a estos últimos.

Cerré los ojos y me imaginé allí con ellos, viendo lo que Alan estaba viendo en ese momento, oyendo las carcajadas de Claudia y las risas de Irene.

-Susan está tomando el sol, dice que si lo deja pasar jamás cojera color, o algo así… Niall está aquí conmigo, está sonriendo mirándome. Podría describirte el lugar más bonito de Sicilia, pero no se podría comparar con su sonrisa.
-¡Oh, por favor! No seas repelente.


Oí las risas de Niall al otro lado del teléfono y estuve a punto de colgarle por lo tonto que era.

-Es broma. Sigo: el castillo es precioso, han abierto una puerta lateral que, según Niall, siempre ha estado cerrada. En la habitación dormimos los cinco juntos y las chicas tienen una cama guardada para ti. No sé qué más decirte.
-¿Qué tal tus hermanos?

-Nuestros hermanos están felices de la vida- dijo, puntualizando el “Nuestros”-. Han hecho un montón de amigos, me gustaría que encontraran un grupo como vosotros.
-Un grupo como nosotros, Alan-puntualicé yo.

-Paces. ¿Tú qué tal por ahí?, ¿Te tendremos en nuestro apartamento?
-Ojalá no, pero no lo sé todavía, ya me dirán algo.

-Habrá suerte, ya lo verás.
-Hablamos luego, ¿vale? Conociendo a Niall tardará en llamarme un par de horas como máximo.

-Creo que podrías estar preparada en veinte minutos.

Me reí y me despedí de ambos, pidiéndoles que saludaran a los demás de mi parte.

Me dejé caer en uno de los asientos de la enorme aula. Era algo maravilloso e inalcanzable al mismo tiempo.

Pensé en lo que daría por estar cinco años después en ese lugar, sobre el escenario, con las miradas de todos mis amigos puestas en mí, de mi madre, e Álex, de mi padre allá dónde estuviera.

Harvard era la máxima expresión de mis sueños como médico. Ahora parecía tan palpable que si la respuesta del decano era no, sentiría una gran decepción.

Me hundí un poco más en el asiento recordando las últimas semanas.

Cuando mi madre me pidió tener una charla de las de antes supe que algo iba mal. Pero sus palabras me abrieron los ojos de una manera que nada lo habría podido igualar.

Me dijo que me pagaría los billetes de avión que necesitara para hacer lo que tenía propuesto hacer, que me ayudaría a encontrar a Harry alrededor del mundo si era lo que yo quería. Que vendría conmigo, me pagaría lo que necesitara o contrataría a alguien que lo hiciera por mí. Pero sus últimas palabras me ayudaron a reflexionar y a coger los libros más que nada:

-Pero piensa en si merece la pena ir tras una personas que ha huido de ti, cariño. Piensa en si él merece que le encuentres o si merece que le busques.

No dijo nada más. Fue tan sencillo que la venda cayó de mis ojos antes que otra cosa.

Harry había desaparecido, él mismo había estado en Sicilia y había decidido dejarlo todo atrás. Él mismo había catapultado nuestros sentimientos a miles de kilómetros, escondiéndose en cualquier lugar en el que nadie lograra encontrarle. ¿Dolía? Por supuesto. Creí que siempre dolería, pero había comprendido, tras años y años como el ratón y el gato, que no podía ver pasar más tiempo de esa manera, que si tenía que ser, el universo se alinearía para que sucediera, y si no tenía que ser, al menos yo no lucharía por algo fracasado.

Quería a Harry Styles por encima de todo, y él me quería a mí, era algo obvio, siempre había sido obvio, pero a veces el amor no bastaba para que todo sucediera y para garantizar la felicidad de las personas. A veces el querer no implicaba poder.

Por eso cogí los libros que había abandonado durante semanas, comencé a estudiar unos exámenes que me habían ofrecido como última alternativa y luché por escapar de un último curso de nuevo en el instituto y por una plaza en Harvard.

Estudié sin descanso durante días y días, me encerré en una burbuja de la que me prometí no salir hasta poner la última palabra en el último examen. Y así fue, cuando le entregué el examen al profesor respiré tranquila sabiendo que no podía haberlo hecho mejor con lo que tenía.

Mentiría si dijera que no pensé en Harry durante ese tiempo, en la pena que me daba que no hubiera elegido la oportunidad de hacer los mismos exámenes y luchar por entrar en la universidad, pero cada uno elige su futuro.

Dejé mis pensamientos reposar durante unos minutos; pero pronto mi calma se vio interrumpida por unos pasos entrando en el auditorio y caminando por el pasillo central. No me giré, tenía algo de reparo en que me dijeran que no podía estar ahí, que no era alumna o que no se permitía la entrada a personas que no pertenecieran a la universidad, y ahí un: “quizá sea alumna pronto” no valía.

Sin embargo los pasos siguieron por el pasillo al pasar por mi altura y, cuando pude ver quién había entrado y caminaba por el mismo lugar en el que yo me encontraba casi me dio un telele.

No había cupo a error. Su altura imponente, su espalda formada, el pelo castaño perdiéndose en algunos rizos en su nuca, la manera de caminar.

¿Qué narices hacía Harry en Harvard?

Me quedé paralizada en el sitio. Pensé que solamente con respirar él podría verme, se volvería hacia mí y todo saltaría por los aires.

Hacía semanas que no le veía, y la última vez que le había tenido al lado había sido en una sala de hospital, él terminal en una cama y yo terminal pero completamente viva.

Sin embargo, tras momentos de pensamientos varios, él había decidido que no era tan importante como para ir a buscarme, como para, al menos, convencerme de que intentara hacer los exámenes y entrar en la universidad, él había dejado que me pudriera en Sicilia.

¿Por qué estaba él en Harvard?

Se sentó en una de las primeras filas y se recostó en el asiento, en la misma posición en la que yo me encontraba. Podía salir de ahí, huir por los pasillos, desaparecer en la habitación y esperar el vuelo que saldría para mí a Sicilia.

Pero había esperado este momento tanto tiempo que no podía dejar escapar la oportunidad de contestar mis propias preguntas internas.

Recordé en ese momento exacto la actividad que el señor Golding había hecho con nosotros el primer día de clase. Pese a que este auditorio era muchísimo más grande que el destinado para las clases de arte, pensé en ese días y una mágica idea llegó a mi cabeza.

Me levanté del asiento notando el tembleque en todos mis músculos, las piernas se movían descoordinadamente. No quería que él notara mi nerviosismo y más si pretendía hacer lo que quería hacer. Caminé entre las filas de sillas y afortunadamente Harry no notó mi presencia.

Cuando tan solo nos separaban un par de filas me fijé más en su vestimenta, tenía una camisa oscura subida hasta sus codos y unos pantalones oscuros chinos. ¿Dejaría de debilitarme físicamente en algún momento de la vida? Seguramente, dentro de años y años, en una de esas reuniones de antiguos alumnos, Harry llegaría con su bastón, con unos pantalones sueltos de pana, una camisa por dentro de los mismos y unas gafas de pasta naranjas. Yo seguiría muriendo al verle.

Recorrí los últimos asientos que nos separaban y, cuando pasé a su lado hacia el escenario, no le miré.

Supe que él ya me habría visto a mí y supe que él sabría que yo le había visto a él, sin embargo y gracias al cielo, ninguno de los dos habló.

Subí los escalones dispuestos a la derecha del increíble e inmenso escenario y me coloqué en medio del mismo. Cuando me giré hacia él, y nuestros ojos se conectaron después de semanas, sentí en mis entrañas ese giro característico que solo me ocurría con él. Sus ojos claros, con el ceño fruncido, me miraban sorprendidos y nerviosos, mientras yo pretendí mantener la postura relajada y distante que me había propuesto.

-Buenos días- comencé, intentando y consiguiendo levemente que mi voz sonara lo más firme posible-, para realizar esta actividad comenzaremos con un ejemplo sencillo en el que todos entenderéis cuál es la dinámica.
 
Harry frunció levemente el ceño e hizo el amago de levantarse, pero le paré con una mano alzada y mis palabras:

-Bien, necesito a un voluntario en primer lugar que haga una pregunta, deberá responderse con sí o no- dije-. ¿Algún voluntario?

Hice un recorrido con mis ojos por todo el lugar y acabé mirando a Harry directamente.

-Señor Styles, me parece que le ha tocado.

Él acomodó su garganta tosiendo levemente y habló:

-¿Estudiarás medicina en Harvard?
-No, no, no, no tienen sentido las preguntas de las que no se sabe la respuesta. Es como si yo le preguntara a usted si estudiará medicina en Harvard, no sabría-

-Sí- dijo con seguridad.
-¿Sí, qué?

-Si me preguntas si estudiaré medicina en Harvard, la respuesta es sí.

Me quedé parada unos segundos. Tan solo nuestras miradas hablaban por nosotros. No sabía a qué narices había venido el subirme ahí arriba a hacer el idiota. Tan solo pensé que si él me había dejado atrás y se había dispuesto a atrapar mi sueño de Boston entre sus manos, yo podría joderle de algún modo. Pero, ¿Cuándo iba a darme cuenta de lo difícil que era para mí fastidiar a Harry?

-Algunos no tenemos las cosas tan claras, señor Styles. ¿Podría hacer otra pregunta?
-Por supuesto, Harvard no es alcanzable para todos- dejo caer con rotundidad-. ¿Irás a Sicilia este verano?

-Sí.
-Te creo.

-Acierto- dije, corroborando su respuesta-. Su turno, señor Styles.

Podría haberme bajado de la tarima y dejar que él subiera a ocupar mi lugar, sin embargo no quería bajar y que el subiera, encontrarnos en el centro. No sabía qué podría suceder.

-¿Fuiste a Sicilia y te largaste horas después sin ni siquiera hablar conmigo?
-Sí, pero…

-Te creo.
-Pero…

-¿He acertado? Solo si he acertado, Harry.
-Sí- se obligó a decir, sin apartar sus ojos de los míos.


Sonreí falsamente y volví a hablar:

-Tu turno.
-¿Te marchaste de Londres cuando estaba en el peor momento de mi vida?


Mierda.

 -Sí, pero fue…
-Te creo, por supuesto que te creo, yo estaba allí, y me desperté y tú no estabas allí. ¡Sorpresa! Me largo a Sicilia cuando el chico más importante de mi vida está muriendo. ¡Soy ____________(tn)! La mejor persona del mundo, puedo hacer lo que me plazca.

-¿Te acostaste con Chelsea en la boda de mi madre, horas antes de decirme que me querías?
-Sí, lo hice.

-Te creo, hasta puedo recordar su mensaje: “Harry, me encantó lo de hace unas horas, ¿podrías venir a casa y repetirlo?”.

Aquel lugar tan sumamente grande, con tan solo los dos, gritándonos todo lo que llevábamos dentro, parecía más pequeño. Podríamos estar en una habitación cualquiera, en cualquier parte del mundo. Pero tenía que ocurrir en la maldita aula magna de la facultad de medicina de Harvard. No teníamos remedio. Él no tenía remedio.

-No quiero discutir contigo. Si empezamos así acabaré diciendo cosas que ya no siento, pero las diré porque estaré cabreado y a ti te pasará lo mismo.
-¿Me quieres, Harry?

-Todo el tiempo.
-Mentira. Estás mintiendo y no te creo.

-Sabes que es cierto. Que te quiero porque siempre ha sido así. ¿Me quieres?
-No, no te quiero. Ya no te quiero.

-Mientes, y no solo a mí, te mientes a ti, ¿hay algo peor que eso?
-¡Sí, lo hay!- grité de nuevo por sus palabras-. Si quieres a una persona no haces lo que tú has estado haciendo estos meses, no jodes a esa persona, no la aplastas como si fuera un saco, no te acuestas con otras chicas, no la abrazas para alejarla de nuevo, no te largas a ningún sitio cuando ella está lastimada por tu culpa. No me quieres.

-¡Todo el tiempo! No hay hora que no piense en ti, no hay segundo.
-¿Y qué narices haces aquí entonces?

-Yo… a veces no es suficiente.

No quería seguir escuchando lo que tuviera que decirme. Él había optado por dejarme atrás, por viajar a Boston e intentar entrar en Harvard, él ya había decidido.

No sé por qué siempre me empeñaba en intentar acercarme a él, cuando él hacía todo lo contrario.

-Espero que tengas mucha suerte, Harry.

Fue lo último que dije antes de bajar del escenario y comenzar a caminar pasillo adelante hacia la gran puerta de salida.

-Espera, ___________(tn), necesito contártelo.

Se levantó y comenzó a caminar tras de mí. ¿Qué tendría que decirme? No quería volver a la misma situación antigua. Él explicándome por qué no podíamos estar juntos y yo casi suplicando por una nueva oportunidad para nosotros.

No quería ser la débil entre los dos, siempre lo había sido y estaba harta. Era casi denigrante tener que escuchar que él rechazara lo que yo veía tan palpable entre nosotros.

-No quiero que me cuentes nada- le dije, volviéndome hacía él, en un intento de dejar todo zanjado.
-Pero… no quiero acabar así.

-Olvídalo, Harry. Aunque no nos hayamos dado cuenta, nosotros terminamos hace años, lo nuestro ni siquiera empezó en ningún momento.
-No, no es cierto, siempre ha habido un nosotros, desde el primer momento en el que te vi, siempre ha existido.

-¡Pero nunca has querido que existiera!
-¡Dios! No digas estupideces, siempre he querido que existiera, pero no ha habido oportunidad, al principio éramos muy pequeños, luego comenzaste a salir con Tom, luego me enfadé y dejé atrás mis sentimientos por ti, te insulté y nos distanciamos,  luego volvimos, Irene y yo nos besamos, yo me quise ir y justo cuando todo parecía correcto perdiste a tu padre y nos distanciamos de nuevo, cuando apareciste me tembló todo, te quise esos dos años sin determinación, pero te quise, y me costó dejar atrás lo nuestro, me costó dejar atrás lo malo, pero cuando lo hice fue tarde,…

Tan solo nos separaban unos metros, pero la distancia entre nosotros siempre había sido abismal, aun cuando dormíamos pegados en la torre del campamento. Nunca estuvimos lo suficientemente cerca.

-Si es como dices, ¿por qué no me buscaste hasta el final cuando despertaste?
-No pude. Pensé que con todo lo que habíamos pasado lo mejor era distanciarnos, dejar que la ida siguiera, porque los dos sufrimos demasiado por años, no creí que nos mereciéramos seguir sufriendo. Si no era una chica sería un chico, o un viaje o un adiós, sería un enfado tonto o uno largo, pero algo pasaría que nos separaría de nuevo. No quería verte rota de nuevo.

-Y ahora estás aquí.
-Te juro que no sabía que tú estarías.

-Louis me dijo que estabas lejos, no sabía exactamente dónde pero…
-Él sabía que estaba aquí.

-Tomlinson…
-Si te das cuenta él siempre ha creído más en lo nuestro que nosotros- dijo, mirando hacia ninguna parte.

-Todos lo hacían. Pero de la misma manera que nosotros veíamos lo que existía entre Claudia y él, o entre Irene y Zayn… Desde fuera las cosas se ven con otra perspectiva distinta.
-¿Mejor?

-Puede ser, ahora todos ellos están juntos.

Nos miramos durante lo que parecieron horas y al final Harry me obligó a sentarme junto a él en uno de los asientos de la sala.

-¿Qué tal ha ido tu entrevista?
-Bien- respondí-. Creo que tengo posibilidades, el decano sonreía todo el tiempo.

-¿Le has entregado la carta de Danna?
-Sí, me ha hablado muy bien de ella.

-¿Y si entramos los dos?
-Yo no quería alejarme de ti, incluso cuando me contaron que habías despertado hice una lista de los países en los que podrías estar, quería ir a buscarte sobre todas las cosas y mi madre iba a ayudarme a hacerlo, nunca la había visto tan decidida con algo que tuviera relación contigo.

-¿Por qué no me buscaste entonces?
-Me di cuenta de que tú no querías que te encontrara, fuiste tú el que huiste. Tú tampoco fuiste a buscarme cuando mi padre murió. No queríamos que el otro nos encontrara. No te merecías que gastara mi tiempo en ti. Me dieron la oportunidad de hacer los exámenes de nuevo y decidí que si Harvard estaba a mi disposición todavía no podía volver a rechazarlo.


Harry suspiró y se hundió en el asiento.

Era tan extraño, los dos solos, hablando sobre nada en medio de el que podría ser nuestro futuro más próximo.

-Así que si al final nos cogen a los dos en Harvard, imagino que tendremos que vivir con ello.
-No sé si podré soportarlo.

-Esa es tu decisión, desde luego jamás le diré que no a Harvard porque estés aquí.

El silencio volvió a nosotros.

Al final siempre ocurría lo mismo. yo acababa diciendo lo mucho que me gustaría tenerle conmigo y él rechazaba de lleno mis pretensiones. No podía hacer nada más por nosotros. No había nada que nos salvara si uno de los dos quería hundirse.

-Mañana tengo el avión para Sicilia, iré a pasar el último verano allí. Me apetece tanto… Alan está encantado, le está gustando mucho. Tus hermanos también están allí.
-Sí, mi madre me lo dijo. Intenté que no lo hiciera, pero nada sirvió.

-¡Harry!- le regañé-. Sicilia es genial y más para ellos que son pequeños todavía, no puedes cerrarles esa puerta. Además, con todo lo que ha pasado, jamás me he arrepentido de haber dejado que mis padres me enviaran el primer año allí.
-Hay tantas cosas que cambiaría…

-No, Harry. Las cosas suceden por una razón concreta. Todo lo que ha ocurrido nos ha traído hoy aquí, a estar a las puertas de la mejor universidad del mundo.
-Pero no estamos juntos, estamos aquí pero no juntos, ¿lo entiendes?

-A veces todo no puede ser.
-Nosotros nos merecíamos el todo. Aún nos lo merecemos.


Me reí entre dientes por la estupidez que estaba diciendo. Él lo quería todo para nosotros, pero a la hora de la verdad siempre se echaba atrás, nunca luchaba por lo nuestro. Las palabras no servían siempre.

-Es gracioso que digas eso. ¿Qué vas a hacer después de esto?
-Iré a California. Quiero pasar un verano tranquilo, surfear, tomar el sol.

-Podría ir contigo.

Sus ojos se volvieron hacia mí y subió una ceja.

-Imagínatelo: yo cambiaría mi billete a Sicilia por otro a California, alquilaríamos un pequeño apartamento para los dos, saldríamos a cenar por ahí todas las noches, después haríamos el amor durante horas- añadí algo avergonzada y sin apartar mi mirada del escenario-. Nos levantaríamos tarde y bajaríamos a la playa para alcanzar las mejores olas, tú me enseñarías a surfear y quizá podría hasta hacerme un tatuaje en recuerdo a esas semanas. Después si hay suerte volveríamos aquí, y dejaríamos de ser Harry y ___________(tn) y pasaríamos a ser nosotros. ¿Qué te parece?
-Creo que en realidad sería algo como: no podrías cambiar el billete porque en la compañía aérea no te dejarían, tendrías que ir a California en un vuelo alternativo, llegarías y nuestro apartamento estaría lejos de la playa, en un mal barrio, comeríamos en distintos lugares porque nos enfadaríamos por una tontería por la mañana, después ninguno tendría ganas de hacer el amor, acabaríamos durmiendo pegados al límite de nuestro lado de la cama y ambos querríamos salir de ahí. Tú acabarías dejándolo todo y volviendo a Sicilia y yo me acostaría con alguna californiana con tetas operadas. Y cuando ambos volviéramos a Harvard nos trataríamos como desconocidos.


Mis carcajadas sonaron llenas de eco en aquel enorme lugar. Harry siempre se encargaba de tirar mis ilusiones por la borda y recordarme que a él se le daba muy bien la palabra pero las acciones eran una pérdida de tiempo.

-Siempre tan optimista…

Me levanté del asiento y comencé a caminar de nuevo hacia la salida.

-Espera, por favor. No te vayas, podemos comer juntos, mi avión sale mañana.
-¿Comer? Lo último que quiero hacer contigo es comer, Harry. ¿Acaso no lo entiendes? Yo quiero todo contigo, quiero reír contigo, viajar contigo, casarme contigo, quiero tener mini Harrys corriendo por nuestra casa. ¡No quiero comer contigo!


Sus ojos se abrieron de golpe.

-¡Dios! Como si no lo supieras ya. No entiendes que no puedo estar a tu lado más de media hora sin intentar que estemos juntos. He estado hablando contigo menos de veinte minutos y te he dicho cinco veces que quiero estar contigo. ¿Qué es lo que no entiendes? No puedo ser tu amiga. O te odio para siempre o te quiero para siempre, no hay cupo para nada más.
-Yo…


La vibración de mi móvil hizo que las palabras de Harry se apagaran en el aire. El número desconocido del otro lado del teléfono me alertó sobremanera.

-¿Sí?- respondí, con la mirada de Harry clavada en la mía.
-Hola buenos días, ¿eres _____________(tn)?

-Sí, soy yo.
-Hola ____________(tn), soy la secretaria del decano de la facultad de medicina de Harvard, en Boston, has hecho la entrevista esta mañana y debido a que tan solo se ha entrevistado con seis personas la decisión ya está tomada y me ha encargado darte la noticia.

-Sí, sí, te escucho- dije como pude, con mi corazón latiendo a mil por segundo.
-Sintiéndolo mucho tengo que decirte que no hay un hueco para ti este año en nuestra universidad. Tu entrevista ha sido buena pero las plazas ya han sido asignadas a otras dos personas.


Sentí mi corazón romperse en decenas de pedazos. Me faltaba el aire para respirar y tuve que volver a sentarme para no caerme al suelo.

-¿Estás ahí, ____________(tn)?
-Sí, aqu-aquí estoy.

-Lo siento muchísimo, de verdad.
-No, está bien, no se preocupe.

-Muchas gracias por pensar en nosotros.

La mirada de Harry al colgar era un poema. Habría preferido recibir la noticia en cualquier otro lugar en el que él no estuviera, pero parecía que el destino no contaba con darme una alegría por pequeña que fuese.

-¿Quién era?
-La secretaria del decano. Me ha dicho que no tengo una plaza…

-¡Oh, joder, ____________(tn)! Lo siento muchísimo.

Antes de que pudiera reaccionar, se acercó caminando hasta mí y, pasando sus brazos por mi cintura, me estrechó en su pecho, abrazándome con fuerza.

-No tienen ni idea de lo que hacen, no llores.

Sin darme cuenta decenas de lágrimas abandonaron mis ojos para caer en su hombro mientras me consolaba.

-Pensé…
-Schhhh, no pasa nada, ellos se lo pierden.


No sé cuánto tiempo estuvo consolándome y diciéndome palabras de aliento, pero antes de que me diera cuenta su móvil también estaba sonando.

-No, déjalo- me dijo, al intentar alejarme de él para que respondiera.
-Pero seguro que es tu respuesta.

-Me da igual ahora.
-Harry…- con más fuerza me deshice de su agarre y le miré esperando que contestara.


Él no dejó de agarrar mis dedos entre los suyos y respondió.

-Harry Styles- dijo con la voz grave, sin dejar de mirarme-. Hola, buenos días, señor.

¿Señor? Sería el decano…

-Sí, sí, claro, muchas gracias, vale, gracias.

Apagó el teléfono y lo devolvió a su bolsillo.

-Vamos a comer.
-¿Qué te ha dicho?

-Estoy dentro.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Capítulo laaaaargo después de un laaaaaargo tiempo sin subir xD

Espero que lo hayais disfrutado, ¡por fin se encuentran después de todo lo que ha pasado!

Me voy mañana de vacaciones y no podré subir en al menos dos semanas, pero después subiré de nuevo un capítulo largo como este :)

Muchas gracias por leer


2 comentarios:

  1. VEROO!! Me encantaaa, disfruta tus vacaciones, esperare con muuchas ganaas muchoos besos

    MUACCKKKSS!!

    ResponderEliminar