(Narras tú)
-Dame tu móvil- le tendí la mano.
Harry me miró dubitativo sin querer
darme lo que le pedía. Me senté en el césped suspirando y enterré la cabeza
entre las piernas. No sé qué hacía allí, no sé por qué había subido a la moto y
le había pedido que arrancara y que nos fuésemos. Todo tenía mucho sentido en
mi cabeza al hacerlo, ahora no le veía nada favorable.
-¿Quieres mandarle un mensaje a
Niall?- me preguntó sentándose a mi lado, codo con codo.
-Sí, me he dejado el mío y seguro que
está nervioso- antes de acabar de hablar él me tendió el teléfono.
-26709- dijo.
Puse la contraseña en el IPhone y la
pantalla se encendió dejando la imagen de una playa, algo me decía que no era
la típica imagen que venía con el móvil, sino que había sido hecha por él. No
me entretuve y entré en whatsapp buscando el teléfono de Niall.
Yo: Niall, soy __________(tn), lo
siento, lo siento, lo siento mucho, he salido con Harry un rato, no creo que
vuelva muy tarde, si mi madre vuelve y te pregunta dile que estoy en casa de
los Malik, nos vemos por la mañana, descansa, perdona (02:58)
Le devolví
el teléfono a Harry sin mirar nada más.
-Gracias-
dije.
Él no dijo nada por respuesta.
Harry había conducido hasta un gran
parque, no sabía dónde estábamos exactamente pero con él al lado me sentía
segura, no me iba a pasar nada. Había un par de farolas encendidas por las que
vagaban cientos de mosquitos, a demasiada distancia como para ser peligrosos.
La moto descansaba a unos metros de nosotros. Y el silencio reinaba en el
ambiente luchando contra el sonido de un búho a lo lejos.
-Me imaginaba otra cosa, al menos que
hablaras- dije hacia Harry que estaba serio mirando el horizonte.
-Yo me imaginaba que saldrías con
ropa de calle y tu móvil al menos- me respondió encogiéndose de hombros.
-Harry… te lo he explicado, pero estoy
aquí, al final estoy aquí.
-No lo digas como si me estuvieras
haciendo un favor, como si me tuvieras pena- dijo mirándome.
Un bufido salió de mis labios.
-Dios mío Harry, eres tan…
-¿Qué?- estaba enfadado y yo cansada.
-Agotador, me agotas- le dije sin ir
más lejos.
-Había agotado a otras antes, aunque
nunca hablando- sonrió de medio lado.
-Te encanta hablar de tú increíble
miembro y de lo profundo que llegas ¿verdad?- al fin y al cabo era un tío.
-Es lo mejor que tengo- dijo y estuve
segura de que se arrepintió de decir aquello.
-No lo creo Harry, de verdad que no
lo creo.
-¿Y qué es lo mejor, según tú?- me
preguntó mirándome.
Sonreí intentando pensarlo.
-No lo sé realmente- él levantó una
ceja y fingió estar herido-. No me malinterpretes, tienes muchas cosas buenas,
no sé cuál es la mejor.
-Ya…
No sé porque tenía la necesidad de
nombrar todas y cada una de las cosas buenas que veía en él, pero sentí que él
necesitaba que lo hiciera.
-Me gusta muchísimo cómo andas-
empecé bajo su atenta mirada-, cómo si supieras dónde vas, como si te comieras
el mundo o como si hubieses encontrado el camino a la felicidad y tan solo lo
siguieras, me gusta la forma en la que miras las cosas, no el punto de vista
sino la forma de mirar literalmente, cómo tu ceño se frunce, es misterioso,
como si guardaras algo- me miró cada vez más interesado y yo no podía dejar de
hablar sobre él-, me gusta tu pelo y las cintas que te pones para sujetarlo-, sonreí
por inercia-, y me gusta la manera en la que a ropa oscura combina con tu
cuerpo, no sé por qué pero el negro te queda mejor que el azul- él sonrió,
seguramente consciente de las tonterías que estaba diciendo-, pero dejando a un
lado lo sexy que eres sin apenas pretenderlo, también tienes muchas cosas
buenas relacionadas con lo que no es físico…
Pensé que estaba bien pero él había
puesto la cara entre sus manos y sus codos en las rodillas y esperaba que yo
continuara hablando. Suspiré sonriendo.
-Me gusta que leas, que un chico lea
a Jane Austen es tan sexy y romántico a la vez- Harry negó riendo y estoy
segura de que sus mejillas se tornaron un tono más rojizo-. También me gusta
que sepas tanto de Biología, que compitieras conmigo aunque ambos sepamos que
no tenemos nada que hacer contra Claudia- sonreí cuando él lo hizo-, también me
gusta la manera en la que haces las cosas, casi todas las cosas, como si tu
vida dependiera de las pequeñas decisiones, también me encanta cómo miras a
Lisa y pones un velo protector sobre ella con tu mirada, se nota que la adoras
y eso me gusta- se estaba empezando a incomodar, lo noté pero quería seguir
hasta que me hiciera parar-. Alan es genial y moriría por ver lo bueno que
serías junto a él, veo cómo os complementáis aunque ni siquiera os habléis, veo
cómo te quiere y cómo te echa de menos- él apartó la mirada más incómodo
todavía-. También adoro los ojos que pones cuando hablas de Gemma, se nota que
es lo mejor que tienes, lo máximo y lo primero y me muero por conocerla, aunque
sé que me odiará un poco como mi hermano te odiaba a ti, pero tendré que vivir
con ello- él negó sonriendo-. Y aunque creo que no los he visto todos… adoro
cómo te quedan los tatuajes, aunque le haya dicho a Irene que los odio, en
realidad...- me mordí la lengua para no soltar lo que quería decir- es
atractivo- dije modificando el adjetivo indebido que había pensado en un primer
momento.
Harry permaneció callado, no dijo ni
una palabra y yo casi pensé que era lo mejor porque ya de por sí me sentía un
tanto avergonzada al haber soltado todo aquello.
-También- dije riendo-, perdón,
creerás que soy una loca- le miré y él permanecía serio, pensé en callarme pero
quise continuar hablando-, también me encantó que me llevaras a ver a Heather y
a Frederick, sé lo importante que era para ti y te lo agradezco, eres generoso
Harry…
Había pensado en un primer momento
que prefería que él no dijera nada, que permaneciera callado, pero ahora tras
dos minutos en silencio solamente quería que él dijera algo, cualquier cosa.
-Podrías decir algo, solo para saber
que no estás muerto al menos- le dije.
Él gruñó pero no me quedé más
tranquila.
-Por favor, di algo, me siento mal-
le empujé un poco pero no se inmutó-, anda, estoy avergonzada, parezco una
loca…- silencio-, ¡Harry!- dije con voz infantil empujándole de nuevo.
Él me miró por fin aunque aún no
dijera nada, estaba serio, demasiado serio. Me mordí el labio, quizá había
hablado demasiado, quizá el esperaba otra cosa, quizá…
-Eres increíble- dijo simplemente.
Apreté la mandíbula abriendo los ojos
con sorpresa y después sonreí levemente notando el rubor de mis mejillas y
agachando la cabeza por el bochorno sufrido.
-Y te he echado de menos- añadió.
-Yo a ti también- me apresuré a decir
trabándome al hablar y pareciendo más tonta por momentos.
Él sonrió y se acercó más a mí
rodeando mi cintura con sus brazos hasta que nuestras frentes quedaron unidas.
Dejé que mi mirada bajara unos
centímetros hasta situarse en su pecho, lugar en el que descansaban las golondrinas,
acaricié el tatuaje suavemente y su suspiro me hizo sonreír.
-Algún día me contarás la historia de
todos tus tatuajes- le dije sin dejar de acariciarle.
-¿Es una orden?- noté su sonrisa
sobre mi cabeza.
-Sé lo poco que te gustan las
órdenes… ¡Sí!, es una orden- sonreí y volví a mirarle a los ojos mientras él
seguía riéndose.
-Las golondrinas me las hice cuando
Maggie me contó la historia de cómo se conocieron Fred y ella- esperó un
momento para recordar cómo había sucedido y después siguió hablando-, Maggie y
Fred se conocieron en una fiesta que celebraba un amigo de ambos, él era un
capullo- Harry sonrió-, Maggie me contó que nada más verla le dijo que su
vestido era un insulto al cuerpo femenino, era un capullo, pero tenía dos
cojones, porque para decirle eso a Maggie debía tenerlos. Ella no le contestó,
pasó simplemente de él, como si no hubiese escuchado nada y eso fue lo que le
embelesó. Maggie nos contó que estuvo durante más de medio año detrás de ella
hasta que aceptó salir a pasear con él. Nos dijo que desde que Fred le había
dicho eso en la fiesta ella lo supo, supo que aquel iba a ser el hombre de su
vida, no me preguntes por qué, porque no sé de dónde lo sacó, el caso es que
ella lo sabía. ¿Entiendes? Ella se hizo la dura durante más de seis meses
sabiendo que acabaría con él- me miró un instante y puso los ojos en blanco-.
No hace falta que te diga que Gemma casi llora al oír la historia; reconozco
que es jodidamente perfecto. -¿Por eso te hiciste el tatuaje?
-Es un homenaje; Maggie ha dedicado gran parte de su vida a cuidarme, desde que mojé mis pañales por primera vez ella ha estado conmigo y de alguna manera Frederick también lo ha estado. Las golondrinas son una de las pocas aves que eligen pareja para toda la vida, no son polígamos… Sé que no puede tener mucho sentido haberlas tatuado en mi cuerpo, pero…
-Tiene sentido- le dije-, si para ti
tiene sentido, entonces lo tiene.
-También los pingüinos son monógamos,
pero no los veía en mi pecho- dijo sonriendo.
-¿Maggie lo sabe?- le pregunté
dudando seriamente que la respuesta fuera afirmativa.
Él asintió sonriendo.
-Casi se muere cuando las vio por
primera vez, fue gracioso- levantó la cabeza unos centímetros y se recostó
sobre el césped dejando mi cabeza sobre su estómago, sobre la misma mariposa
cuya historia también quería conocer-. Maggie nos contaba la historia de Fred
comparándose siempre con las golondrinas, por eso de que siempre eligen una
pareja, para el resto de su vida. Cuando murió Fred ella era joven aún, sin
embargo jamás ha estado con otro hombre, ni antes ni después, es la lealtad el
significado global del tatuaje- dijo al fin-. Lloró durante un buen rato, se
trababa y no podía hablar, después de un rato acabó diciendo “tu madre me
matará”. Eso fue hace dos navidades.
-No la mató- dije en un susurro.
-Mi madre también lloró al enterarse,
lloró de emoción- Harry suspiró pesadamente, le costaba, podía notarlo-. En esa
época yo lo estaba pasando mal, no hablaba con Alan desde hacía unos meses,
estaba desaparecido, empecé a hacer cosas… de las cuales me arrepiento. No
hablaba con nadie de mi familia exceptuando a Maggie y rara vez a Gemma, mi
madre pensaba que me había perdido para siempre; el tatuaje fue como si
recuperara una parte de mí, como si quedara algo dentro que aún se podía salvar.
Sonreí sin mirarle. Que Harry hablara
conmigo tan abiertamente era extraordinario, me hacía sentir cerca de él y no
solo físicamente, sentía que podríamos recuperar lo que habíamos tenido durante
tantos años, que era posible. No quería ser como su madre, esperar demasiado,
demasiado pronto, pero era un paso, un paso grande.
-¿Tú no tienes tinta en tu piel?
Negué rápidamente, como si su sola
frase fuera un insulto para mí. Nunca me habían gustado mucho los tatuajes, los
identificaba con hombres musculosos con tribales en la espalda y cosas sin
sentido.
-Jamás me haré uno, es algo ajeno a
mí, me gustan los tuyos, te quedan bien, punto- le dije.
-Quizá cambies de idea…
Negué más rápidamente que antes.
-Eso no es negociable, no lo haré,
puedo decirte que probaría la marihuana por hacer algo “fuera de los límites”,
pero jamás dejaría una marca de ese estilo en mi piel- era sencillo de
entender.
Miré a Harry y él elevó una ceja.
-Y si la vida de tu madre dependiera
de ello, “o te tatúas un osito en la espalda o tu madre muere”- dijo con voz
grave.
Puse los ojos en blanco.
-La probabilidad de que eso ocurra es
una entre cien mil millones- respondí.
-Venga, responde a la pregunta- me
miró con cara de cachorro abandonado.
-Si amenazaran con matar a alguien a
quien quiero lo haría, es obvio- le dije al final para que se quedara
tranquilo.
-¿Lo harías por mí?- le miré de
nuevo, sus ojos se habían oscurecido varios tonos y esperaba impaciente mi
segunda respuesta.
-Lo haría hasta por tu madre Harry,
no seas infantil- le dije sin llegar a responderle lo que él quería oír.
Pero era Harry Styles, no pararía
hasta escuchar lo que quería escuchar.
-Has dicho que lo harías por alguien
a quién quieres, ¿Lo harías por mí?- reiteró agotando mi paciencia.
-¿Tú lo harías por mí?
-Sin dudar- su mirada cada vez era
más profunda, tan solo quería que dejara de mirarme así, pero estaba
hipnotizada por su mirada, no podía apartarla de él.
-Tú tienes un montón de tatuajes, no
te costaría hacerte otro más- le dije llenándome de razón.
-Yo haría casi cualquier cosa por ti
___________(tn)- dijo sorprendiéndome-, el caso es… ¿tú lo harías por mí?
Por ahí asomaba de nuevo la falta de
confianza que pocas veces Harry dejaba entrever pero que sentía sobre sí mismo,
su falta de confianza para con los demás, como si no esperara una respuesta
agradable hacia él.
-Harry… si dependiera tu vida de ello,
me dibujaría un pene en la cara, ¿lo entiendes?
Él cambió la expresión y comenzó a
reírse. Al menos había conseguido que se olvidara de las dudas.
-Eso sería tan gracioso que quizá
monte un secuestro falso para que lo hagas- dijo.
-Ahora ya sé que será falso y no lo
haré- le saqué la lengua y me tumbé de nuevo sobre su estómago.
Nos quedamos un rato en silencio,
cada uno pensando en sus cosas, mi cabeza subía y bajaba acompasadamente por la
respiración de Harry. Comencé a pensar en sus tatuajes de nuevo, en la historia
que guardaba cada uno de ellos, todas relacionadas con su vida, con momentos,
lugares y personas, y me pregunté si alguno de ellos guardaría una historia en
la que yo fuera la protagonista como Maggie lo había sido en las golondrinas.
Tenía miedo de preguntarle algo así, ya que Harry había llenado su cuerpo de
tinta en momentos en los que nosotros no estábamos juntos, momentos en los que
ambos nos odiábamos de alguna extraña e hiriente manera. Pero mi curiosidad
podía más que todo aquello.
-Harry- dije para llamar su atención,
él me hizo una señal con la garganta que quería significar algo así como “te
escucho”-, me has dicho que todos tus tatuajes tienen historia ¿no?
-Sí- contestó, y creí que sabía a
dónde yo quería llegar.
-Pues… ¿Sobre qué son? Quiero decir…
¿Hay alguno sobre…? ¿Sabes?
-Tú tienes tres- dijo haciendo que me
levantara de nuevo y le mirara incrédula.
Él pareció arrepentirse de haberlo
dicho porque alejó su mirada de mí y la lanzó al horizonte intentando perderse.
-Pero da igual, no importa, el caso
es que…- intentó cambiar de tema pero no supo que decir.
-Enséñamelos- le pedí, casi supliqué,
sentándome a su lado y no sobre él.
Él suspiró pero accedió, no me costó
demasiado convencerle.
-¿Cuántos tienes en total?- le
pregunté mientras levantaba su brazo.
-Unos cuantos- me miró con una media
sonrisa enseñándome un “HI” sobre su axila.
-¿Hi?- le pregunté, no sabía que
podría tener eso que ver conmigo.
-Sí- él se rió-, es un recordatorio,
para acordarme de qué es lo primero que tengo que decir al conocer a alguien.
Le miré sin entender aún por qué se
había tatuado esa tontería, ni la relación que tenía eso conmigo.
-¿Recuerdas que fue lo primero que te
dije a ti? Te dije: “Así que sois novios ¿no?”- dijo.
Asentí llegando a la conclusión, a la
tonta conclusión del porqué de ese tatuaje.
-La cagué en nuestra presentación,
así nunca más la cagaré- dijo.
Cerré los ojos mordiéndome el labio y
negando.
-Eso es lo más estúpido que ha hecho
alguien nunca, ¿lo ves? A eso me refería cuando hablaba de tatuajes sin
sentido- le dije.
Él arrugó el gesto. Quizá me había
pasado, en realidad él se había tatuado aquello por mí, quizá había tenido poco
tacto. No recordaba que ahora con Harry debía andar de puntillas.
-Lo siento, si a ti te gusta, está
bien- le dije rectificando.
-A mí me gusta, por eso me lo hice-
dijo tapándose con la manga y bajando el brazo.
Estaba un poco ofuscado por mi
comentario, aún podía notarlo por la manera en la que permanecía en silencio.
-Te quedan dos- le dije intentando
recuperar el buen momento que teníamos.
Él me miró intentando encontrar el
porqué de mi repentino interés.
-Vamos, los hiciste pensando en mí,
es como si me lo debieras- le, casi, exigí.
Él suspiró y volvió a levantarse la
manga para dejarme ver un cúmulo de tatuajes entre los que sobresalía un enorme
barco.
-Es aquí, sé que es un tanto
ridículo, pero es simple- dijo señalando una frase en su brazo.
-Can I cry?- leí en voz alta
levantando segundos después mi mirada hacia él.
-Ese me lo hice antes que las
golondrinas, sobre octubre o así, me acordé un día del estúpido que hice al
llorar frente a ti, luego pensé en lo bien que estuvo, luego pensé en lo
horrible que había sido y luego pensé en lo bien que salió todo aquella noche,
todo eso derivó en estas palabras- dijo.
Acaricié el tatuaje recordando
aquella noche en la que él mismo había llorado sobre mis piernas al decirme que
me quería. No quise decir nada, era mejor permanecer callada, para él era
importante, no debía hacer que se sintiera mal.
-Falta uno- le pedí.
Él asintió incómodo.
-No pienses cosas raras cuando te lo
enseñe, simplemente se me cruzaron los cables, pero no pienses nada extraño-
repitió.
-Tranquilo- le dije.
Suspiró una última vez y comenzó a
subirse la camiseta dejando su estómago y todo su pecho al aire. Dejando la
increíble mariposa al descubierto. Y cuanto más la miraba más asombrosa me
parecía.
-Ya ves- dijo al verme observar el
tatuaje.
Espera, espera, espera.
-¿La mariposa? ¿Tu mariposa?- le dije
sin creerlo.
Él asintió varias veces claramente
incómodo.
-Pero… ¿Por qué?
Me miró unos segundos y después se
bajó la camiseta impidiendo que continuara con mi examen exhaustivo.
-Fue durante este verano en California,
cuando vi a Mike, llevaba más de un año y medio sin manchar mi cuerpo con nada
que se refiriera a ti, dejándote a un lado sobre mi cuerpo, pero cuando Mike
dijo tu nombre, comprendí que no podía dejarte al margen durante mucho tiempo-
dijo apartando la mirada de mis ojos.
-¿Una mariposa?
-Una mariposa en el estómago- dijo
intentando que lo entendiera sin querer explicarme más.
-Como cuando estás enamorado- susurré
intentando levantar la camiseta de nuevo con mis manos.
-Eso. No subas más- me pidió.
-Déjame verla, por favor- le miré de
nuevo a los ojos y él, después de un nuevo suspiro, dejó que levantara la
camiseta para observar con este nuevo punto de vista su tatuaje-. Voy a
tocarlo- le dije, y sin pedir permiso posé mis dedos en su estómago.
La zona estaba caliente, pero eso no
evitó que recorriera con mis huellas toda la tinta que ahora formaba parte de
su cuerpo. Era increíble, era él, puramente él, y lo había hecho por mí.
-Me encanta, Harry- le dije sin
levantar la vista y continuando con mi examen personal.
Quería aprendérmelo de memoria, como
si dependiera de verdad de una nota. Era tan bonito, no podía creerlo. Cuando
lo había visto durante los entrenamientos había pensado en que hacer algo así
era la mayor gilipollez del mundo, que Harry estaba loco y que se le estaba
yendo de las manos. Pero ahora, con la nueva información todo era perfecto. El
tatuaje era perfecto y estaba en el lugar perfecto.
-¿Puedes bajarlo ya?- me pidió.
-Emm- levanté mi mirada y comprendí
la rareza de la situación.
Él dejando que tocara su estómago y
yo casi llorando de la emoción.
-Perdona- bajé su ropa alejándome de
él un metro claramente incómoda yo ahora.
-¿Entonces pensarás lo de “aniquilar
tu anatomía”?
-Para nada, a no ser que estés en
peligro de muerte, mi cuerpo quedará 100% limpio de tinta- le dije negando.
Nos quedamos un momento en silencio.
-Gracias por contármelo- le dije tras
un rato callados.
-De nada, es lo que debía hacer- dijo
dando el tema por zanjado.
-Es estúpido, somos estúpidos…- él me
miró sin comprender-, quiero decir, yo te jodo lo vida en resumidas cuentas y
tú te haces tatuajes pensando en mí y quieres odiarme, y yo en lugar de llegar
y querer alejarme de ti porque claramente no nos hacemos bien, lo único que
hago es intentar acercarme a ti de todas las maneras inimaginables.
-Sí… yo…- me miró mordiéndose el
labio inferior sugerentemente haciendo que le mirara a los ojos- bueno, es
complicado, lo sabes- dijo al fin, aunque creo que no era eso lo que
verdaderamente quería decir en un principio.
Respiré profundamente, necesitaba
dejar el tema a un lado, al menos un rato, si seguíamos por ese camino al final
estaba segura de que nos enfadaríamos y nos encontraríamos una solución. Él
acabaría refugiándose de nuevo y me costaría volver a encontrarle.
-¿Sobre qué más tienes tatuajes?- le
pregunté siguiendo con el tema pero no centrándome en nosotros.
-Sobre muchas cosas, no te gustaría
saberlas todas, pero sobre muchas- dijo.
-¿Tienes alguno sobre Alan?- le
pregunté interesada.
Él no respondió con palabras, pero su
silencio lo decía todo, tenía claro que tenía alguna marca en su cuerpo
relacionada con el moreno, era lógico, si su vida estaba en su cuerpo, que Alan
formara parte de todo ello.
-Harry… no me odies por esto, pero
Alan se arrepiente mucho de lo que ha pasado con vosotros- le dije.
-Lo sé- contestó para mi asombro-, mi
madre me lo dice día sí y día también; sé que lo hace, sé que se arrepiente,
pero las cosas pasan, las cosas cambian, y es imposible que volvamos a ser lo
que éramos.
Era duro escucharle diciendo eso.
Para mí Alan había sido todo un descubrimiento, era genial hablar con él, y me
daba pena verles así. Pero no podía hacer nada contra eso, Harry había tomado
su decisión y por el momento parecía inamovible.
No dije nada y él tampoco comentó
nada más sobre Alan. Me tumbé a su lado mirando el cielo, era difícil ver las
estrellas en el cielo, la luz de “la cárcel” y la que procedía de Londres
evitaba que el cielo fuese un mar de bombillas naturales, y aunque sabía que allí
estaban y que ellas nos podían observar a nosotros, yo no podía verlas.
-¿Vas a estudiar medicina?- dijo al
final rompiendo el silencio.
-Sí- le contesté.
-¿Por tu padre?- era simple y
complicado, y asombroso que lo hubiese entendido al instante.
-Sí, por él y por otras cosas, pero
por él en primer lugar- le respondí sin mirarle aunque notaba su mirada clavada
sobre mí.
-No deberías hacerlo si no es lo que
tú quieres, va a ser tu vida.
-Harry, es lo que quiero hacer, jamás
he querido algo más en mi vida, es mi culmen- sonreí pensando en el día de mi
graduación.
Sé que quedaban muchos años para ese
momento, para llegar a lanzar mi sombrerillo de graduada al cielo, pero soñaba
con aquel día, pensaba que sería al día más feliz de mi vida, que por fin iba a
ser algo yo, yo por mi misma, yo al completo.
-Quiero estudiar en Harvard- le
dije-, sé que es muy difícil, pero es lo que quiero, si no entro en primero al
menos poder cambiarme durante mis estudios.
Había leído cientos y cientos de
folletos informativos sobre las cuatrocientas universidades del mundo en las
que podría estudiar medicina y todo el mundo lo decía, Harvard era la mejor
universidad para hacerlo.
Durante el tiempo en el que había
estado en Londres había escuchado varias veces que Harry tenía claro lo que
quería estudiar, al curarme la mano creí saber qué era lo que quería estudiar,
pero la verdad es que me daba miedo que su futuro se pareciera tanto al que yo
tenía pensado para mí misma.
-¿Tú?- dije al fin, dejando mis
temores a un lado.
-A mí me da igual dónde estudiar-
dijo sin responder a mi pregunta.
-Mientras no sea en Harvard…
Le miré con una sonrisa y él también
sonrió.
-Harvard es la cumbre, no quiero
romper tus ilusiones pero es prácticamente imposible entrar- dijo.
-Lo sé, hacen falta miles de cosas,
un montón de papeleo y al menos una buena carta de recomendación, pero los
sueños son lo último que se rompe- me encogí de hombros-, al fin y al cabo el
propósito es la medicina, si al final acabo estudiando en Japón estará bien.
Él asintió.
-¿Tú también…
-Sí- contestó sin dejar que
terminara.
-¿Por qué?
-Quiero descubrir la cura contra el
cáncer- dijo convencido.
No debía reírme, no debía reírme, no
debía reírme… le miré intentando encontrar la broma, pero él miraba hacia el
cielo. No estaba bromeando.
Al final acabó por bajar la mirada
hasta mis ojos.
-¿Qué?- dijo.
No contesté. Que Harry fuera a
estudiar medicina era algo asombroso, teniendo en cuenta que hasta hacía poco
tiempo la sangre actuaba sobre él como la criptonita sobre Superman, pero que
tuviera esas aspiraciones era una locura, no solo por la imposibilidad de sus
sueños, imposibilidad que no nacía de mis dudas sino de decenas de años de
estudios inconclusos, sino porque no me imaginaba a Harry con una bata y con un
microscopio entre los ojos anotando y estudiando.
-Solo me lo estoy intentando
imaginar- contesté tras un momento.
-Dentro de unos años, cuando mi
nombre salga en todos los periódicos del mundo en portada, desearías no haberte
reído de mí y haberme pedido poder formar parte de mi proyecto- me dijo con una
media sonrisa.
-Te felicitaré y te daré las gracias
de parte de la humanidad- le dije riendo.
-No te rías tanto, seguro que tú
querrás estudiar algo mierdoso como pediatría o ginecología- dijo burlándose de
mí.
-No tienes ni idea, no voy a pasarme
la vida trayendo bebes al mundo- le dije haciéndome la indignada.
-¿Y qué harás?- me preguntó
interesado.
-No quiero pasarme la vida
investigando, no es lo mío, me gusta más el trato humano, sentir a los
pacientes, no como hacen mis padres- le dije sinceramente-. Quiero estudiar
trauma u oncología, pero no para investigar sino para estar con los pacientes.
-Te recomendaría trauma, porque
cuando descubra la cura contra el cáncer, con oncología no tendrás trabajo-
dijo sonriendo.
-Fantasma…- dije entre dientes.
Él me empujó en el hombro riendo.
-También podría estudiar medicina y
después montar un bar en Sicilia dejando de lado mis sueños- dijo para
molestarme.
-No contestaré a eso- le dije
mordiéndome la lengua.
-Era broma- contestó.
-Lo sé, si no fuera broma ya te
habría matado.
Se río por mi comentario pero no
contesto, mejor; que se metiera con Mike no era para mí un plato de buen gusto,
Mike era muy importante para mí, y para Harry también lo había sido durante
mucho tiempo y que Harry ahora se comportara de esta manera no me parecía bien.
A veces Harry era estupendo, era amble y simpático y aún mantenía su antiguo
humor, ese que a mí me encantaba y me enfadaba a partes iguales; pero otras
veces volvía el último Harry, aquel que iba contra el mundo y contra mí, que se
divertía haciendo que doliera.
Me quedé callada como síntoma de que
no era un buen momento para hablar, prefería mantener el silencio al que habíamos
llegado. Pero para Harry el silencio era más complejo que para mí y comenzó a
moverse incómodo
-Harry- dije llamándole-. ¿Qué crees
que pasará?
-Pues seguramente dentro de unas
horas el sol saldrá, no creo que vaya a llover aunque hará frío y creo que
intentaré acabar los deberes del fin de semana. -Que gracioso eres- dije con ironía.
-Lo sé, pero gracias por decirlo-
sonrió.
Le saqué la lengua y aclaré lo que
quería decir.
-Me refiero al futuro, ¿qué pasará
dentro de un año o dos? Me lo pregunto a menudo.
Harry se encogió de hombros.
-Yo me lo planteo de la siguiente
manera, ¿qué quieres que pase de aquí a dos años?- me miró con su profunda mirada,
como si me ofreciera el mundo.
-No lo sé en realidad, supongo que
estar en una buena universidad, estudiar, divertirme, hablar con mis amigos
continuamente, tener novio…
-Si eso es lo que quieres tan solo
debes hacer lo posible para que dentro de dos años tengas eso en tu vida- me
dijo.
-Pero no depende todo de mí- le
dije-, por ejemplo, no puedo decidir seguir hablando contigo si tu no quieres
seguir hablando conmigo.
Él elevó una ceja.
-Hay cosas que no están en nuestras
manos, está claro que no podemos hacer que nuestra vida sea perfecta, pero
podemos hacer todo lo posible para arreglar los desperfectos, ¿no es eso lo que
estamos intentando hacer tú y yo ahora mismo?
-Algo así- le contesté.
-Ya te digo yo que hace dos años no
me imaginaba esto para nada, más bien me esperaba estar en la otra punta del
mundo, trabajando en una cafetería por las mañanas y surfeando por las tardes.
-¿Y por qué no estás haciendo eso?-
le dije.
-Porque eso no es lo que quiero hacer
ahora, las cosas cambian, y también las decisiones.
Asentí dándole la razón.
-Pero sabrás que de aquí a un año
estarás lejos de tu familia, estarás lejos de Niall y de Claudia…
-Lo sé, pero eso no quiere decir que
dejemos de ser amigos, nosotros estábamos nueve meses separados y seguíamos
siendo amigos verano tras verano- le hice ver.
-Nosotros éramos más que amigos,
__________(tn)- dijo él.
-Teníamos una relación extraña, es
cierto.
-No era una relación extraña,
nosotros nos queríamos, pienses lo que pienses- me miró intentando que entrara
en razón, pero no hacía falta, yo sé bien lo que pasaba entre nosotros.
-Bueno, tú me querías a mí, yo nunca dije lo mismo- elevé las cejas
varias veces para molestarle, pero él no pareció afectado.
-No hacía falta que lo dijeras, yo lo
sabía, no era complicado saberlo, incluso cuando estabas con el gilipollas de
Thomas yo lo sabía- me dijo.
-Yo no fui la que dijo que te quería,
lo hiciste tú, y por mucho que te arrepientas de hacerlo, eso no va a cambiar
nunca.
-¿Quién dice que me arrepiento?- le
miré asombrada.
-Yo… pensé…
-Tú piensas mucho… No me arrepiento,
fue la primera y última vez que dije aquello, y lo decía sinceramente, no puedo
arrepentirme de algo que hice de verdad.
Volvió a mirar a las estrellas. Sus
ataques repentinos de sinceridad me pillaban con la guardia baja. Era difícil
seguirle en sus idas y venidas, en sus enfados y momentos de amabilidad, en su
ego por los cielos y en su miedo al fracaso.
Pero así era Harry, era completamente
Harry, de principio a fin y yo le quería así, con lo malo y lo bueno, con… ¡UN
MOMENTO!
-_________(tn), dime la verdad, dime
que sentías- me dijo rompiendo mis pensamientos.
-¿Recuerdas la historia que me has
contado sobre Maggie, sobre que ella supo nada más conocer a Fred que él sería
el hombre de su vida?
Él asintió y se incorporó para
atender mejor a lo que le decía.
-Pues… yo pensé durante muchos años
que tú eras el hombre de la mía- le dije finalmente.
Él abrió los ojos de par en par,
profundamente asombrado. El verde que había en sus ojos se había convertido en
casi negro por la oscuridad, y que no hablara me hizo sentir incómoda.
-Pensé que serías mi primer beso, mi
primera vez, mi primer te quiero romántico, mi primera noche en vela, mi primera
charla sobre los hijos que tendríamos, mi primera y última boda, mi primera
búsqueda de hogar, mi primera mudanza,… pensé que tendríamos muchas primeras
veces y de hecho muchas de ellas fueron contigo.
Él seguía con sus ojos fijos en mí,
como si realmente no pudiera decir nada y se hubiese quedado en blanco.
-Pero bueno… pasaron muchas cosas
entre nosotros, no busquemos culpables, y el caso es que al menos creo que
podríamos ser buenos amigos, al menos mantener una relación cordial sin sacar a
la luz temas incómodos y que no nos harán ningún bien a ninguno de los dos.
Él seguía en silencio, y empezó a
convertirse en un silencio incómodo. Me miraba embobado, como si no esperara
para nada lo que acababa de salir de mis labios.
-¿En serio pensabas que era el hombre
de tu vida?- dijo.
-Te lo juro.
Harry se levantó sin darme tiempo a
ver lo que estaba haciendo, simplemente se levantó apartando su trasero del
suelo y comenzó a caminar hacia la moto.
-Vámonos- me dijo una vez estuvo
montado sobre el asiento.
-¿A dónde?- pregunté confundida.
-Voy a llevarte a casa, es tarde-
dijo serio.
Suspiré.
-¿Dónde estamos?- le pregunté.
No me podía creer que, después de
sincerarme con él, después de decirle lo que había sentido por él durante
tantos años, él simplemente quisiera salir huyendo de nuevo. De nuevo irse y
dejarme tirada, de nuevo esconderse. ¿De qué tenía miedo?
-En el parte central- dijo.
Sabía dónde estábamos, había estado
en este parque muchas veces durante el verano paseando. No estaba muy lejos de
mi casa, lo suficiente como para dar un paseo en la noche.
-Sé dónde estamos, sé llegar a mi
casa desde aquí, volveré andando.
-No, tú montarás en la moto y yo te
llevaré a casa, no pienso dejarte sola.
-Me da igual lo que pienses, estoy
harta de que me trates como a una niña pequeña, de que me hagas sincerarme
contigo y después huyas como si no hubieses querido escuchar lo que digo.
-Móntate en la jodida moto,
___________(tapellido)- dijo con los labios casi pegados.
-No pienso montarme en la jodida moto,
Styles- le contesté de igual modo- seguro que si te vas ahora llegas a tiempo
para follarte a Chelsea.
Me di la vuelta y comencé a andar
sobre el césped hacia la otra punta del parque por la que tendría que salir. No
noté que me siguiera y me sentí profundamente agradecida por ello. Joder,
parecía que todo iba bien entre nosotros, que todo era perfecto, y de pronto,
nuestro universo se rompía en mil pedazos. Se iba a ir a la mierda, estaba
harta, harta de él y de su actitud. No entendía por qué él no podía ser
igualmente sincero consigo mismo y conmigo.
Me dolía reconocerlo, me dolía en el
alma, pero yo jamás había dejado de pensar que él era el único para mí. Desde
el primer momento en el que le conocí le odié, pero de la misma manera, desde
ese primer momento sentí que era él, que no podía ser otro, incluso ahora, en
la máxima oscuridad, en un parque en mitad de la noche sola, podía imaginarme
dentro de veinte años llegando a casa y viendo a Harry en la cocina con un
delantal azul, con un niño correteando por el suelo, podía sentir sus labios
sobre los míos recibiéndome a casa después de una dura jornada de trabajo,
podría imaginarme a Harry sonriendo al niño y llamando a los otros dos para que
bajaran a cenar, podía verle sirviendo la cena, sirviéndome mi copa de vino con
amor. Podía verle llevando a la niña dormida escaleras arriba a dormir y
discutiendo con el mayor que no quería acostarse. Me imaginaba sentada sobre él
en el sofá, besándole y él diciéndome todo lo que ahora no quería o no podía
decirme, diciéndolo de verdad, sintiéndolo.
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Hola!!! Como prometí aquí está el capítulo :)
Espero que os guste, porque en realidad este capítulo es muuuuy intenso, solo he escrito en la mirada de la protagonista porque pensé que sería bueno hacerlo así...
Nos leemos pronto, no diré fecha porque igual no puedo cumplirlo pero prometo que será lo más rápido que pueda ^^
Muaackss :)
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VEROOO!! Me encanta, me encanta, me encanta, esta súper bien quiero que llege el próximo capítulo ya quiero saber que pasara entre harry y rayita esta súper interesante sube lo antes posible yaa!! Besos desde Mallorca.
ResponderEliminarMUAACCCKKKKSSS!!
Holaaa!!! Subo ahora ahora mismo :) Gracias por comentar!! Muacccks
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