(Narras tú)
Al
levantarme esperaba que Harry no se hubiese despertado con el pie izquierdo y
que por fin pudiéramos hablar tranquilamente. Se había ido a acostar enfadado,
lo notaba en la forma de irse rápidamente sin dejarme hablar.
Me levanté
y salí al pasillo, la puerta de Harry estaba cerrada, la abrí lentamente y le
encontré tumbado en la cama, con las sábanas desperdigadas sin control por la
cama y su cuerpo envuelto entre ellas. Era cierto aquello de que él siempre
dormía en bóxer. Le miré unos minutos pensando en todo lo que había ocurrido
entre nosotros durante nuestra vida, todos los problemas, los enfados y las
reconciliaciones. No podría soportar otra pelea monumental con Harry, quería
arreglar las cosas con él y creía que él también iba a intentarlo, con eso me
conformaba.
Bajé y
preparé algo de desayuno buscando por toda la cocina varias veces hasta
encontrar todo.
No sabía
cuándo volvía la familia de Harry pero esperaba que si él no me había dicho
nada no lo hicieran pronto y de repente.
-Dudo que
ese café sea mejor que el que hace Maggie- me volví al oírle entrar a la
cocina.
-Para tu
resaca cualquier café es bueno- dije sentándome en una silla alta de la isla.
Él sonrió y
entró, afortunadamente se había puesto la camiseta de pijama aunque seguía sin
pantalones, al menos mi nivel de distracción se vería reducido.
Se sirvió
café y sonrió al probarlo.
-No está
mal- dijo.
-Claro que
no está mal- respondí casi herida porque hubiese pensado que no iba a gustarle.
Desayunamos
en silencio, creo que ambos íbamos de puntillas sobre el terreno no queriendo
decir nada que pudiera estropear el buen clima.
Recordé
mirándole el libro que había cogido la noche anterior de la estantería.
-No sabía
que te gustaba Austen- le dije casi sorprendiéndome a mí misma.
Él tosió
sonoramente y me miró algo avergonzado. Me reí al verle.
-No pasa
nada, a mí también me gusta- contesté para que se sintiera mejor.
-Hay que
leerla una vez en la vida- dijo tomando más café.
-¿Has visto
“conociendo a Jane Austen?- le pregunté recordando el papel de Hugh Dancy en la
película.
-No-
respondió dejando los restos del desayuno en la pila.
-Es una
película en la que un grupo de personas se reúnen una vez al mes para comentar
los libros de Austen, decir lo que les gusta o lo que no.
-¿Son
mujeres?- preguntó elevando las cejas.
-No, hay un
hombre- dije sonriendo acordándome de Dancy.
-¿Gay?
-No, no es
gay, y está bastante bueno- dije.
-Normal,
típico enganche para el público femenino, si en realidad no metieran ningún
hombre sería una película realmente machista, si metieran un viejo de 60 años
no sería atractiva, lo mejor es meter a un joven apuesto que atraiga a las
mujeres. -¿Sabes mucho de mujeres?- dije sonriendo pero con cierta punzada de decepción interna.
-Sé lo que
hay que saber, la mayoría de los hombres están de acuerdo en que las mujeres
sois complicadas, yo en cambio creo que sois sencillas, solo hay que saber
tocar las teclas adecuadas.
Le miré
elevando las cejas, comentarios como ese hacían que le odiara pero que viera al
Harry que creía haber perdido.
-¿Qué
pasa?- me dijo elevando las cejas.
-Nada-
contesté rápidamente.
Él elevó un
poco más las cejas pero lo dejó correr. A veces podía hablar con Harry de
cualquier cosa, mismamente la noche anterior habíamos hablado de temas que para
él eran incómodos pero yo lo había soportado bastante bien, es más, era un tema
que me apetecía sacar; sin embargo en otros momentos el solo hecho de que Harry
hablara de alguna que no era yo hacía que mi sangre hirviera.
Aparté la
mirada de él, no podía sostenérsela en aquel momento. Suspiré.
-Podemos
sentarnos en el comedor, o… lo que prefieras- dijo.
Le miré de
nuevo, esperaba una respuesta. Me levanté y anduve hasta el sofá y me senté.
Al mirar
hacia él le vi apoyado en el marco de la puerta.
-Voy a
subir a vestirme, te bajo un pantalón- preguntó afirmando.
Bajó poco
tiempo después, me lanzó unos pantalones cortos de gimnasia. Intenté ponérmelos
sin subir la camiseta pero al mirar a Harry comprobé que estaba perdido en sus
pensamientos y ni siquiera me estaba mirando.
-¿Pasa
algo?- le pregunté.
Él me miró
volviendo a la realidad.
-No, que
va…- apartó de nuevo la mirada y pasó al sofá sentándose a mi lado.
Nos
quedamos en un incómodo silencio durante varios segundos, no sabía cómo empezar
y por lo que veía él tampoco sabía qué decir. Creí que lo más oportuno era
comenzar hablándole de lo que había pasado cuando nos separamos y así lo hice.
-Cuando
Mike y Danny me dijeron que mi padre había tenido un accidente no supe cómo
reaccionar, creo que nadie está preparado para algo así, para que su padre
desaparezca de la noche a la mañana sin ni siquiera haberse despedido. Regresé
a ___________(tpaís) dejando todo atrás, todo y a todos.
Le miré
pero él tenía la mirada fija en la ventana, solo recé porque estuviera
escuchándome.
-Lo he
pasado mal estos años, no quiero que creas que es una excusa- dije
rápidamente-, de hecho no lo es, es solamente una afirmación. Pero es cierto,
lo he pasado mal, creo que tú también. Con esto quiero explicarte que en parte tenías
razón ayer cuando dijiste que me lo cargué todo, que acabé con todo. Pero no
fue a sabiendas de que eso ocurriría, y mucho menos algo pensado y
recapacitado, simplemente me hundí, caí y no supe levantarme.
-Yo…
-Espera- le
paré, tenía que acabar de explicarme yo-, espera un momento. Yo pensé en ti,
pensaba en ti muy a menudo, pero me obligaba a olvidarte, a olvidarlo, estaba
enfadada con todo el mundo aunque nadie tuviera la culpa. Mi familia estaba
igual que yo, ellos también han sufrido, lo que yo no comprendía es que cada
uno tiene su propia forma de sufrir y cada uno manifiesta el dolor de una
manera, el mío es el aislamiento, el de Álex fue el rechazo, el de mi madre fue
la soledad…
-_________(tn)
espera
-No, espera
tú- le empujé con la mano para que me dejara terminar.
-Si ellos
no hablaron con vosotros durante estos dos años fue solo y exclusivamente por
mí, bueno, yo no les pedí que no lo hicieran, pero sabían que para mí era
difícil y por eso solo Irene tuvo relación con vosotros, al menos con ellos-
ahora venía el final…-. Yo lo siento mucho Harry, de verdad, sé que de alguna
manera tú también cambiaste desde ese día, y ellos también lo hicieron, y lo
siento, lo siento mucho de verdad; ojalá pudiera dar marcha atrás y cambiar las
cosas, al menos intentar que no me odiarais aunque no pudiera cambiar el hecho
de que mi padre ya no esté…
Le miré un
momento y ahora que él tenía la oportunidad de hablar porque yo no tenía nada
más que decir, ahora se había quedado callado.
-A veces
pienso que estás así por mi culpa, y es insoportable- dije al ver que él no
contestaba-. Es increíblemente horrible pensar que dejaste de ser quien eras
por mí.
-No fue
así- se apresuró a decir.
Suspiró y
enterró la cara en las manos un momento.
-Cuando tú
desapareciste fue…- me miró pero no encontraba las palabras adecuadas apartó la vista-, fue doloroso verte
desaparecer, estábamos tan bien que no lo entendí, habría esperado que
sufrieras, que lo pasaras mal, pero que regresaras o al menos que contaras
conmigo para superarlo, yo te habría ayudado, pero no hubo ni un mensaje, ni
una carta, no esperaba que aparecieras en la puerta de mi casa, pero… quizá si
lo esperaba.
Le miré
pero él no podía devolverme la mirada, tenía la vista fija en la pared como si
estuviera hablando al aire.
-La madre
de Alan murió y tu padre también, y ambos me dejasteis a mí- él suspiró de
nuevo y su voz se quebró al decir lo siguiente-, sé que no estuve con él, pero
él no lo entendió, no entendió lo que yo sentía, no nos entendimos y tu padre
murió…
No tenía
mucho sentido, pero sabía exactamente a lo que se refería.
-¿Sabes? Su
madre era genial, era perfecta, mi madre lo pasó fatal durante unas semanas,
lloraba a cada rato y Robin no sabía qué hacer- sonrió y me miró-, ¿Sabes lo
que solía decirme cuando era más pequeño?- no esperó a que negara y siguió-, se
llamaba Heather, ella me decía que los mejores nombres empezaban con la “H”, y
que esas personas solamente con llamarse con esa inicial ya tenían algo
especial, yo no lo creía, me reía, pero ella tenía algo especial, creo que la
amaba en secreto- rió-. Fui a visitarla al hospital un par de veces durante la
quimioterapia, estaba mal, yo sabía que estaba mal y ella también lo sabía.
Fueron las dos peores tardes de mi vida, sentado en una silla a su lado
mientras le contaba lo que pasaba con mi vida, le hablaba de ti, de nuestra
despedida el verano anterior. Louis puede decir lo que quiera, pero en realidad
fue ella la que me convenció de volver a Sicilia.
Le miré
interrogante y él me sonrió.
-Heather
sabía exactamente lo que yo pensaba o dejaba de pensar, y la primera tarde que
fui le dije que si ella se ponía bien pronto yo me iba a ir a Australia para
surfear pero ella directamente me obligó a volver a Sicilia, me dijo “No seas
cobarde Harry, no debes ser cobarde”, la segunda tarde que fui ya tenía la idea
de ir a Sicilia, además ella parecía estar bastante bien, al menos esa era la
impresión que ella quería darme.
Suspiró de
nuevo y apretó la mandíbula intentando ser fuerte.
-A veces
creo que ella sabía lo que iba a pasar y no quería que estuviera allí, creo que
no creía necesario que estuviera allí- suspiró de nuevo-, no sé qué habría sido
peor, quizá las cosas hubieran cambiado, quizá todo habría cambiado…
-¿Te
arrepientes?- le pregunté.
-¿De haber
ido a Sicilia?
-De no
haberte quedado.
Harry
asintió.
-Querría
haber estado con Alan y en el funeral, pero… fui a Sicilia- sonrió para no hacerme
sentir culpable, pero en realidad no lo sentía así-. No me arrepiento de haber
ido a Sicilia, son cosas diferentes. Es más, fue un gran verano, pese a todo.
-Pese a
todo…- dije.
-¿Quieres
ir a un sitio?- dijo de pronto levantándose movido por la inercia.
-¿A dónde?-
me quedé sentada a la espera.
-Corre, mi
hermana te dejará algo de ropa, vamos- tiró de mí con una leve sonrisa.
Subía
delante de mí tirando se mi brazo, me dejó entrar en una habitación del pasillo
que estaba cerrada, al entrar comprobé que debía ser el cuarto de Gemma porque
todo parecía inhabitado.
-Mira en el
armario, seguro que te sirve algo de ella- me dijo señalando a un armario
blanco frente a nosotros.
Me acerqué
y abrí la puerta.
-Voy a
vestirme, nos vemos abajo en cinco minutos.
Me dejó
sola y algo sorprendida por el repentino afán de llevarme a algún lugar.
Gemma tenía
bastante ropa en su casa pese a vivir a miles de kilómetros de allí, saqué una
camiseta gris de manga francesa y unos Levi’s y bajé.
Harry me
esperaba en el hall de entrada, se acababa de poner la cazadora y alzó la
cabeza al verme.
-Te pareces
a ella- soltó sin parar de andar por el hall cogiendo los cascos de la moto-.
Vamos en moto, ¿te parece?- preguntó.
Asentí
bajando mi moño un poco para que entrara el casco.
-Puedes
soltarte el pelo- dijo.
Me encogí
de hombros pero no lo hice, no lo haría.
Bajamos
hasta el garaje y sacó la moto sin encender el motor. Me monté tras él y
emprendimos el camino hasta quien sabía dónde.
No salimos
de la urbanización totalmente pero acabamos bordeándola.
-¿No me
llevarás a un descampado verdad?- le grité a través del casco.
-No creas
que no lo había pensado- contestó con una carcajada.
Pero de
todos los lugares del universo en los que podía haber pensado, el lugar en el
que acabamos no tenía nada que ver con ellos.
-Quizá no
sea el mejor lugar para amanecer un domingo pero en realidad es el mejor día
para venir, Dios hoy descansa, quizá tenga los oídos más puestos- dijo
aparcando la moto.
Esperé a
que él me explicara qué hacíamos allí pero se encaminó hacia la puerta sin
esperarme.
Le vi
desaparecer tras la enorme puerta de barrotes de hierro pero no le seguí,
quería al menos una explicación. Harry apareció segundos después regresando.
-Ven anda-
dijo haciéndome gestos con la mano para que le acompañara pero yo me negué.
Aunque nos
separaban unos metros oí como suspiraba. Se acercó a mí negando varias veces.
-Venga,
seguro que no hay nadie- me dijo, se rió-, al menos nadie vivo.
Le pegué en
el brazo pero apenas le hice daño.
-Perdón,
perdón, solo quiero presentarte a alguien.
Alargó el
brazo hacia mí y yo le miré con el ceño fruncido.
-Quizá ha
sido una locura venir aquí, yo solo pensé… da igual- dejó caer la mano y
comenzó a caminar hacia la moto.
“Con lo
bien que íbamos” pensé.
Sin
prestarle demasiada atención comencé a caminar hacia la puerta y traspasé el
umbral. Al otro lado me esperaban a la vista decenas de tumbas que se
convertirían en centenares si continuaba caminando. No sabía muy bien a dónde
dirigirme por lo que simplemente comencé a mirar las lápidas que se encontraban
cerca de la entrada.
Andreu Garrett, Enric Hunt, Blas Cornet, Augustus
Blanch, Lina Daeryus…
-Estás
loca- me volví y vi a Harry a unos pasos de mí mirándome.
Me encogí
de hombros y le tendí yo ahora a él la mano. Dudó unos segundos y estuve a
punto de arrepentirme cuando caminó los pasos que faltaban y cogió mi mano
empezando a caminar hacia nuestro destino.
Caminamos
agarrados por los pasillos del cementerio, dejábamos atrás decenas y decenas de
tumbas con nombres de personas que ya jamás conoceríamos, dejábamos atrás miles
de historias, amores y desamores, familias, trabajos, preguntas sin responder.
-No pienses
en ellos- dijo Harry leyéndome la mente.
-No lo
hacía- contesté molesta.
-Ellos
vivieron, tuvieron SU vida- me dijo sin mirarme y sin pararse.
Comenzamos
a andar por una horizontal y supe que estábamos llegando a nuestro destino.
Harry se paró frente a una tumba. Era una lápida sencilla de mármol, en la
parte superior había dibujada una pequeña cruz negra; unas flores claras, que
creí eran flores de cerezo, de no más de una semana
-Pensé que
había olvidado dónde estaba esta- me dijo con media sonrisa.
Leí la tumba frente a la que se
había quedado parado:
Frederick Gardner Capaldi
1946-1990
You gave peace
Observé la
tumba durante un rato, notaba la mirada de Harry en el mismo lugar, anclado en
recuerdos que yo desconocía.
-¿Quién
era?- me atreví a preguntar.
-Es Fred-
dijo encogiéndose de hombros.
Me quedé en
silencio observando la tumba un rato más. Harry se apoyó en una lápida cercana
y observó la tumba de Frederick durante un rato, parecía hablar interiormente,
quizá hablaba con Fred.
-¿Qué te
cuenta?- pregunté.
Él me miró
sonriendo y negando como si hubiese dicho una salvajada.
-Fred no
habla, tan solo escucha- contestó ampliando su sonrisa-. Debió ser un tipo
genial.
Me fije de
nuevo en la fecha, Frederick había muerto en 1990, cuando nosotros aún no habíamos
nacido.
-¿De qué le
conocías entonces?- pregunté.
-Es el
marido de Margaret- dijo.-¿Tu abuela no biológica?- le pregunté recordando lo que me había dicho en mi casa.
-Sí, mi abuela no biológica- dijo sin dejar de mirar la tumba.
Nos
quedamos callados unos minutos, él permanecía en silencio mirando hacia abajo
como si de veras estuviera contándole al tal Fred algo importante, yo miraba de
vez en cuando a Harry esperando que me explicara algo más, pero él no parecía
estar afectado por el silencio.
-Maggie
siempre nos contaba historias sobre Frederick, eran como instantes perfectos
para cada momento, como si la vida de Fred hubiese estado llena de moralejas
que explicaran nuestras vidas. Gemma y yo la escuchábamos embobados, mi hermana
ponía ojos de enamorada, yo sabía que ella quería encontrar alguna vez en su
vida un amor como el que Margaret y Fred compartieron… Solo duró 20 años, pero
si la escuchas hablar sobre él parecería que continúa aquí con ella cada día-
me miró y sonrió una última vez a la lápida y recogió mi mano-. Vamos, en
realidad no quería traerte a esta precisamente.
Recordaba
un par de días en Sicilia, unos de los últimos días, Harry cogía mi mano para
andar simplemente, como si fuera ese el lugar en el que debiera estar,
enrollaba nuestros dedos y apretaba para dar por sentado que no podría escapar
aunque quisiera, que no quería. Sin embargo ahora simplemente unía nuestras
manos tirando de mí, como si fuera necesario para que le siguiera el ritmo, no
porque quisiera tenerme lo más cerca posible.
Me encontré
pensando en esto cuando llegamos a una lápida negra, sencilla, no rompía la
continuidad, no te habrías fijado en ella de haber pasado por ahí, se
encontraba en una hilera en la que todas las lápidas eran iguales.
-A veces
vengo aquí- dijo Harry sentándose en una parte de césped que había rodeando la
tumba-. Siempre rezo para no encontrarme con nadie conocido, en realidad rezo
para no encontrarme con Alan. Un día me encontré a su padre, a Greg, traía un
ramo de flores verdes y venía con ropa de médico, le miré y él me miró, pero
ninguno dijimos nada. Cuando se fue yo seguí allí un rato más.
-Heather-
dije leyendo el rótulo del nombre.
-Sí- Harry
se sumergió en sus pensamientos durante un momento, como había hecho con Fred.
Miré la
tumba durante un rato, no tenía nada que decir. Habría habido un montón de
cosas que podía haberle contado a Heather de haberla conocido, le habría
hablado de Alan, del gran hijo que tuvo, de la relación de Harry y él, le
habría hablado de mi padre… Pero no me gustaba hablar con los muertos, ellos ya
no estaban y yo sí.
Sin embargo
el hecho de que Harry me hubiese llevado hasta allí era algo que me dejaba sin
palabras, simplemente me senté a su lado, lo más cerca posible y coloqué mi
brazo en su pierna para que agarrara mi mano. Él lo hizo.
-No quiero
que sientas pena por mí- dijo.
-No lo hago
Harry, solo comparto tu dolor- le respondí.
La pena no
servía para nada, la empatía sí lo hacía.
-Podemos
irnos- dijo sin moverse.
-No-
contesté, él me miró-, creo que quiero estar aquí un rato más.
Y sabía que
él también quería. Asintió con gesto serio y nos sumergimos de nuevo en el
silencio, esta vez un silencio cómodo, no hacía falta romperlo con palabras que
no dirían más.
(Narra
Claudia)
Unos pasos
rápidos por el pasillo me despertaron, miré el reloj, eran las 12:04, había
dormido ocho horas pero seguía agotada.
Me levanté
y salí al pasillo, vi a Zayn corriendo escaleras abajo gritando algo que mi
cabeza no pudo comprender, unos gritos al otro lado del pasillo como respuesta
hicieron que volverá mi cabeza, vi a Louis solo en calzoncillos corriendo
detrás de mi hermano, llevaba el pelo lleno de lo que parecía pintura y corría
con algo entre las manos.
Él me miró
y sonrió parándose un par de segundos.
-Buenos
días- dijo siguiendo su camino.
Suspiré y
salí de mi cuarto bajando las escaleras para comprobar que no se estaban
matando.
Llegué a la
cocina y no había rastro de ellos, me preparé leche y una tostada para comenzar
el día. Desayuné tranquilamente hasta que Zayn volvió a entrar en la cocina
repleto de pintura hasta las cejas.
Le miré con
cara extraña y él pasó por mi lado robándome lo que quedaba de tostada.
-No sé si
preguntarte…- le dije con media sonrisa.
-Hemos
estado pintando la habitación- dijo encogiéndose de hombros.
Louis entró
dos segundos después y la pintura, que en principio había tenido en el pelo, se
había esparcido manchando también su cara, sus brazos y parte de su pecho.
-No
preguntaré porqué pintabais la habitación semi-desnudos- dije acabándome el
vaso.
-No
queríamos manchar la ropa- dijo Louis-, de hecho tendría que ducharme e irme.
No levanté
la vista de la mesa para que no notaran lo que su marcha suponía para mí.
-Puedes
quedarte, Claudia se irá a estudiar y nosotros jugaremos a la play- dijo mi
hermano.
-Yo también
podría jugar con vosotros, no seas machista- le dije dándole una palmada en el
brazo.
-Lo sé,
pero tienes que estudiar, ¿verdad?- dijo él.
Le saqué la
lengua y Zayn miró a Louis esperando.
-No de
verdad, es que…- me miró tratando de encontrar las palabras-, Marie vuelve de viaje
y quiere verme.
¿Quiere
verme? ¿Él también querría verla no? Para eso eran novios, para querer verse…
Aparté la
mirada intentando pensar en otra cosa. Pese a que hacía unos días había
decidido ir a por todas, después de la noche anterior todos mis pensamientos
positivos sobre ello habían quedado reducidos a cenizas, después de que Louis
hablara conmigo, aún quedaba cierta esperanza, pero creo que en parte se debía
al hecho de que en mi interior sentía que vernos juntos era algo que el
universo me debía, nos debía a ambos, pero quizá ese pensamiento era
simplemente ilusiones que mi mente creaba para tapar la verdadera realidad y no
ver que él era feliz con Marie y que me había olvidado por completo.
-Voy
arriba, tengo que estudiar- dije levantándome y saliendo de la cocina.
Pasé a
escasos centímetros de Louis, pese a estar casi desnudo el olor de su colonia
inundaba un metro a su alrededor y casi me caigo de la sensación de estar en el
cielo que emanaba de su piel. ¿Me estaría volviendo loca de verdad?
Tenía que
estudiar, había hecho los ejercicios el día anterior y llevaba todo al día más
o menos pero tenía que ocupar mi cabeza con lo que verdaderamente tenía que
ocuparla.
-Me ha
dicho Zayn que te pida una toalla- levanté la cabeza de la cama, dejé el libro
apoyado en el colchón y me levanté-. Dicen que no es bueno estudiar tumbado.
Le miré
elevando una ceja.
-Tengo
Sobresaliente, no creo que lo haya hecho mal estos últimos años- le dije un
poco demasiado borde.
Él
entrecerró los ojos sin entender mi tono.
-Perdona
señorita empollona.
Suspiré y
salí al pasillo yendo hacia uno de los cuartos de invitados y sacando una
toalla del armario. Me volví y Louis estaba apoyado en la pared solo con la
palma de la mano que afortunadamente no tenía manchada.
-No debía
haberte llamado empollona, perdona- dijo mirándome.
-No pasa
nada, en realidad era una vieja costumbre que habíamos perdido, es bueno
recuperarlas poco a poco- contesté.
-¿Todas?-
dijo él de pronto.
-Está claro
que no- contesté-. Te dejo la toalla en el baño para no mancharla.
Fui a salir
de la habitación cuando la mano que colgaba de su cuerpo impactó totalmente en
mi cara dejando un rastro de pintura verde en ella. Le miré y sonrió
bobaliconamente.
-Costumbre
2: “Intentar hacerte la vida imposible con gracia”- dijo sin dejar de sonreír.
-¿Qué?-
pasé mi mano por la cara sin poder creérmelo todavía.
Le miré y
seguía con su sonrisa asquerosamente perfecta. ¡KBFBGOSBHLNS!
Salí del
cuarto entrando en la habitación de mi hermano, la ducha estaba encendida y
creí oírle cantar pero no era eso lo que buscaba; cogí el bote de 2 litros de
pintura y volvía salir a buscar al
traidor. Entré en el baño oyendo su risa desde el pasillo y sin pensarlo dos
veces le arrojé toda la pintura encima.
Él aspiró
fuertemente sin entender qué es lo que estaba sucediendo. Cuando acabé dejé el
bote en el suelo y me dispuse a dejarle para que se duchara pero él fue más
rápido y me agarró antes de que consiguiera salir, rodeó mi cintura con un
brazo y haciendo que mis pies se separaran unos centímetros del suelo me cargó
hasta la ducha y me sujetándome, con la mano libre me manchó con la pintura que
caía por su cuerpo.
-No debiste
hacer eso- dijo.
-Costumbre
3: “devolver todos y cada uno de los intentos”- dije intentando zafarme de su
agarre.
-Me has
manchado hasta los calzones- dijo.
-Te lo
merecías, ahora déjame, estamos en paz- le pedí.
-¿En paz?
Que graciosa- respondió.
Encendió la
ducha cogiendo la manguera y enfocándola a mi cuerpo.
-No, no,
no, espera, por favor- le dije intentando liberarme pero siendo imposible
porque su cuerpo estaba entre la ducha y la salida.
-¿Ahora lo
pides por favor? No, no, ahora es tarde- dijo mojándome con el agua helada.
-¡Ah!-
grité intentando parar con mis manos el chorro.
-Venga, no
es para tanto- dijo él casi seco.
Me enfurecí
y conseguí hacer girar la manguera para empaparle a él, consiguiéndolo a
medias.
-Primero te
duchamos a ti y luego yo- dijo él enfocando de nuevo el chorro sobre mí.
-Está…
-¿Fría?-
dijo riendo.
-Está
helada- grité.
-No hay
problema- movió la ducha hacia el otro lado y de pronto el vapor inundó la
habitación.
-¡QUEMA!-
grité.
-A ver si
te aclaras- dijo riendo más fuerte.
-Loui…-
enfocó el chorro a mi boca haciéndome tragar agua-.Noo habss esso.
-¿Qué? No
te entiendo- dijo riendo.
-Estás loco,
loco- grité.
Me estaba
empezando a enfadar. Esta situación personalmente no me veía del todo bien,
estar tan cerca de él creaba en mi unas ilusiones que eran complicadas de
erradicar y que me llevaban, como bien era sabido, a dejarme llevar por el corazón
sin pensar demasiado en las consecuencias que mis actos.
-Claudia,
Claudia, Claudia- mi nombre salía como si mi padre me estuviera regañando-.
Crees que puedes molestarme sin que un castigo caiga sobre ti… y eso está muy
pero que muy mal… Costumbre 4: “Soy Louis Tomlinson, no me puedes ganar”
Me empecé a
sentir mal en ese mismo momento “soy Louis Tomlinson y no me puedes ganar”.
Dejé de forcejear. Por mucho que intentáramos recuperar nuestras antiguas
costumbres, estaba claro que había una distancia insalvable entre nosotros, me
preguntaba si en algún momento podría salvarse, pero no lo veía claro. Louis
siguió un par de segundos más intentando recuperar mi atención pero desistió al
ver que mis pensamientos habían viajado a otro lugar.
Y es que
ese lugar era el mismo de siempre, el mismo maldito lugar de siempre… Su novia
le esperaba, ¿qué hacía conmigo en la ducha si su novia le esperaba?
-¿Qué
pasa?- dijo apagando el grifo y mirándome con preocupación.
-Nada, es
suficiente creo- dije saliendo de la ducha y abandonando el baño empapada.
Me quité el
pijama y me sequé manchando totalmente mi albornoz de pintura, pero no me
importaba, tan solo quería secarme, vestirme y salir de casa, andar, abandonar.
(Narras tú)
-¿Entonces?-
le tendí el casco al bajar de la moto.
Él negó y
se bajó también poniendo el freno y apagando el motor. Me quedé con el casco
entre las manos y él con el suyo.
-¿Está tu
madre?- preguntó.
-Creo que
sí, hoy no tenía trabajo, aunque quién sabe…- respondí intentando no ser borde.
-Podría
pasar para hablar con ella- se encogió de hombros y una sonrisa apareció en su
rostro.
-También
podría matarte ella antes de que cualquier palabra saliera de tu boca, es algo
que no comprobaremos- le dije sonriendo.
-__________(tn)-
me miró y me arrebató el casco guardándolo bajo el asiento de la moto-. Ha sido
un día productivo, hemos dormido, comido, hemos visitado a mis muertos…
Puse los
ojos en blanco.
-No está
dicho todo- me atreví a decirle.
Él negó
dándome la razón por una vez.
-De hecho
no hemos hablado apenas, pero era algo importante ir al cementerio- dijo.
Asentí.
-Te
secuestraría de nuevo, pero tristemente tengo que ir esta tarde a Londres- se
rascó la nuca y sonrió hacia el horizonte-. Podríamos hablar después.
-¿Después?
¿A qué hora vuelves de Londres?
-Sobre las
nueve, puedes venir a cenar a casa en plan bien- me preguntó.
-No,
prefiero que estemos solos, no vayan a pensar nada equivocado- le dije dejando
las cosas claras.
-Sí, tienes
razón- dijo precipitadamente subiéndose a la moto.
-No, no,
no, no- me puse delante de la moto para que no pudiera abandonar como estaba
acostumbrado a hacer.
Siempre que
decía algo que a él no le gustaba o no quería escuchar decidía desaparecer,
arrancar la moto y marcharse o simplemente salir corriendo. Debía aprender a
dar la cara a los problemas e intentar resolverlos.
-No te
vayas, espera un momento- le pedí-. ¿Crees que es buena idea que vaya a tu casa
a cenar?
Él soltó
una carcajada.
-¿De verdad
crees que lo decía enserio?- dijo autodefiniéndose y atacándome.
A veces era
tan exasperante, a nadie le gustaba que le hirieran el ego, pero en el caso de
Harry esto se hacía insostenible, porque cualquier comentario que realizaba sin
ningún interés en molestarle acababa por dolerle en lo más profundo, y a partir
de ahí él se escondía en su tan mostrado caparazón de donde era complicado
volver a sacarle.
-Harry-
suspiré apoyando mis manos sobre las suyas en el manillar. Él me miró pero no
las apartó y ese, aunque no lo parecía, era un paso importante-, ¿nos vemos a
las diez y media?
Él me miró
clavando sus ojos en los míos con profundidad y yo hice lo mismo con él para
demostrarle que no me sentía intimidada por lo que pensara.
-¿A las
once?- pregunté de nuevo.
-Tienes
mucho interés ¿verdad?
Estuve a
punto de mandarle a la mierda como solía hacer, marcharme y dejar que nos
enfadáramos de nuevo, pero sabía que de alguna manera volveríamos a ese mismo
punto, solo era una cuestión de tiempo.
-Tengo
muchísimo interés- le dije siendo franca.
Él me miró
durante unos segundos más y finalmente apartó la vista y lo sentí como una
pequeña victoria personas en nuestra guerra particular. Pero era simplemente
una muerte de un soldado raso, el problema estaba mucho más arriba.
-Está bien,
podemos vernos a las diez y media- dijo al fin.
“En serio,
te lo agradezco” pensé con grandes cantidades de ironía.
-Vale, nos
vemos luego- solté el manillar y recorrí el camino de piedra hasta mi casa.
Notaba su
mirada en mi espalda y cuando cerré la puerta oí el rugido de la moto que
abandonaba mi calle. Me apoyé en la puerta suspirando pesadamente, había
sobrevivido.
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VEROOO!! Me as dejado muy intrigada sube pronto el siguiente capítulo como que será muy interesante? Quiero saber que pasara sube lo antes posible besos desde Mallorca
ResponderEliminarMUACCKKKSS!!
Creo que no será interesante en plan bien xD
EliminarSe ha hecho lo que se ha podido, tenía una idea en mi cabeza casi desde el primer momento en el que empecé a escribir esta historia y bueno, puede quedar bien o puede ser una locura, pero será interesante igualmente ^^
No haré esperar mucho. I swear